Venta de San Blas

16ª JORNADA

Elizondo – Venta de San Blas (16 km)

Martes, 17 de junio de 2008

            He pasado la noche de un tirón. Afortunadamente las “imaginarias” de los profesores del colegio han dado sus frutos. Ni un solo ruido por los pasillos. A las 7:00 horas ya estamos arriba. Por los ventanales observo que el cielo está encapotado y lloviznando. Es el pan nuestro de cada día. La lluvia se resiste a abandonarnos.

Bajamos a la recepción donde pagamos la cuenta (70,52 €) y mientras esperamos la hora del desayuno, nos sacan por Internet el recorrido entre Puente la Reina y Castellón (504 km y unas 5h 24m de trayecto en coche). A las 8 entramos al comedor donde nos hacemos unos buenos desayunos. Tras agradecer al personal del Albergue Juvenil la hospitalidad recibida nos disponemos a iniciar la jornada. De momento ha dejado de llover, menos mal.

Salimos hacia la izquierda pegados a la valla del convento hasta llegar a un cruce que tomamos a la izquierda en dirección a Irurita que ya tenemos a la vista en la falda de la montaña, destacando el campanario de la Iglesia. Caminamos felices entre fecundas huertas.

Llegando a Irurita
Irurita

A 700 metros del cruce, cruzamos por última vez el Río Baztán y 800 metros  más allá entramos en Irurita enlazando con la carretera general a la altura de la Plaza Mayor. A la izquierda tenemos la Iglesia de San Salvador de considerables dimensiones con un imponente campanario de planta octogonal de estilo barroco.

Saliendo de la Plaza Mayor en dirección a Pamplona, a 50 metros enfilamos la carretera que sale a la izquierda y que señala a Berroeta. A unos 100 metros de pasar el puente sobre el Arroyo Ibur una flecha nos desvía a la izquierda por una senda que tira hacia arriba con dureza. Conforme vamos ganando altura el Valle del Baztán se nos va abriendo hacia el norte. De repente me veo solo subiendo a mi ritmo, Juan y Pepe no sé donde se habrán quedado, no es cuestión de esperarlos a media cuesta. Después de 700 metros de subida por una especie de torrentera encajada entre dos taludes, salgo a la carretera a la misma entrada del Barrio de Zigaurre dependiente de la localidad de Ziga, situado a una altitud de 325 metros lo que le convierte en un improvisado mirador del Valle del Baztán. Mientras espero la llegada de Juan y Pepe me da tiempo para saborear con avaricia tan espectacular panorámica. Elizondo, Lekaroz, Irurita más próximo… y todo rodeado de un mosaico de diferentes tonalidades de verdes.

Subida a Zigaurre
El Valle del Baztán desde el "mirador de Zigaurre"

Ya estamos los tres juntos. Una señora nos saluda desde la ventana de su casa, la primera de Zigaurre. Enseguida Juan entabla conversación. Tiene muchas preguntas en su mochila. Los recuerdos parecen amontonarse en su mente. Y es que consumió unos cuantos años de su juventud en este pueblo. Van surgiendo nombres de antiguos profesores, alumnos y anécdotas. Le vemos tan concentrado en sus recuerdos que pensamos que lo mejor es dejarle a su aire. Consideramos que son momentos muy íntimos que es obligado vivirlos a solas. Seguimos el Camino, Juan –le decimos- nos veremos más adelante. Tómate el tiempo que quieras.

Vamos subiendo por la travesía del barrio, pasando por la pequeña Ermita de San Andrés. Todos las localidades de este Valle tienen su encanto personal.

Ermita de San Andrés (Zigaurre)
Desvío de Ziga

A 400 metros de la ermita, junto a la primera curva cerrada salen dos caminos tomando el de la derecha que tras salvar una regata por un puentecillo remonta la ladera hasta tocar 250 metros después de nuevo la carretera, ha sido un atajo. Unos 100 metros después llega una bifurcación. Un paisano se encuentra cortando varas de avellano para guiar las habichuelas. Por la derecha a Ziga-nos informa- de frente a Berroeta. Nosotros seguimos las flechas que nos dirigen a Ziga. Vamos por la carretera en descenso bordeando una colina y tras pasar el cementerio aparece la localidad de Ziga frente a nosotros. 300 metros más allá se tuerce a la derecha en dirección a la Iglesia que sobresale del centro del pueblo, una flecha nos desvía a la izquierda 50 metros más adelante, antes de entrar en el pueblo. 500 metros de fácil ascenso por camino asfaltado, salimos de nuevo a la carretera de Berroeta que tomamos a la derecha. Vamos caminando entre castaños, avellanos y otras especies arbóreas que alegran el recorrido.

Ziga desde el Camino
Camino de Berroeta

A 900 metros, las flechas nos desvían hacia la izquierda por una pista cubierta de gravilla. Enseguida salimos a terreno despejado dejando el camino principal y tomando el camino secundario que sale a la derecha. Unos metros después llegamos a la altura de una granja que bordeamos y cuando el camino comienza a descender, a la vista de la localidad de Aniz, torcemos a la izquierda junto a una casa. A unos 100 metros, abandonamos el asfalto por un sendero herboso que sale a la izquierda y que desciende entre dos ribazos hasta salir de nuevo a la carretera de Berroeta, dejando atrás a la derecha Aniz.

Llegando a Berroeta

Cruzamos la carretera, y enfilamos una senda que desciende con gran pendiente entre espesa vegetación, saliendo a la carretera de nuevo. Tomamos a la derecha. Unos metros después salimos de la carretera por una pista a la izquierda en ascenso que se dirige al cementerio. Una vez sobrepasada la tapia del mismo, ya tenemos a la vista la localidad de Berroeta, el piso se convierte en hormigón y en descenso alcanzamos la carretera. Unos metros después estamos entrando en el pueblo de Berroeta.

Nos dirigimos a la Plaza Mayor donde se encuentra el frontón cubierto. Es buen momento para hacer un receso y llamar a Juan que nos dice que está llegando a Ziga. Nosotros vamos a continuar porque el cielo se está poniendo de un color que no nos gusta nada.

Salimos de Berroeta por la derecha de un gran caserón aislado situado al sur de la plaza donde se sitúa el frontón y nada más pasar las últimas casas del pueblo nos damos cuenta de la cuesta que hay que descender para llegar al Valle del Marín que separa la estribación montañosa en la que nos encontramos, del macizo del Belate cuyo puerto se intuye en las alturas. La carretera general discurre por el valle y la localidad de Almandoz se divisa hacia la izquierda tras un alto viaducto por el que la carretera salva la depresión del terreno.

A la vista de tres chalets aislados en un prado, alcanzamos una carreterilla que desciende bruscamente y que enlaza con la carretera de acceso al pueblo desde la general. A la derecha sale un camino herboso protegido con una barandilla construida con troncos que es al que nos dirigen las flechas amarillas pero lo vemos tan embarrado y empinado que decidimos seguir por el asfalto hasta conectar con la carretera general imposible de atravesar por lo que seguimos a la derecha en busca del paso inferior por el que discurre el Camino. Una vez en él, no tenemos más remedio que ingeniárnoslas para saltar la barandilla de troncos, y con mucha precaución, salvar un talud y retomar el Camino. El paso inferior está completamente anegado de agua. Tenemos que hacer virguerías para atravesar la carretera general, saliendo a un sendero en descenso totalmente embarrado. Aún tenemos que pasar bajo la vieja carretera, saliendo a una pista en mejores condiciones. Nos hemos puesto las perneras de los pantalones, y no digamos las botas, perdidos de barro. Ya nos encontramos en el vallecillo.

Seguimos hacia el sur con el colosal viaducto frente a nosotros y otro más corto a nuestra izquierda. Una vez salvado el Arroyo Marín por un puente de hormigón llegamos a una borda y tras ella sale a la izquierda un camino herboso entre dos ribazos con restos de enlosado de piedra, signo inequívoco de un antiguo camino de herradura que debemos seguir hasta enlazar con la senda que penetra en la espesura del bosque.

A la vista de los impresionantes pilares del viaducto, la senda va remontando la ladera bajo un denso ramaje de robles, fresnos y avellanos por un piso cubierto de hojarasca y vegetación completamente mojada con la que nos vamos rozando a ambos lados de la senda y por si faltara poco, alguna que otra punzante zarza, que se clava a la ropa dificultando mucho la marcha. Para colmo de todos los males, comienza a llover con fuerza. Pero estamos tan empapados que ya nos da todo igual. Lo importante ahora es salir de esta maraña. La senda va serpenteando ganando altura. Hay tramos en que resulta muy difícil dar un paso. A trancas y barrancas vamos subiendo y avanzando hasta que por fin la senda se abre y salimos a un camino mas ancho con Almandoz al frente. Hemos superado la dificultad aunque totalmente empapados.

La senda va remontando la ladera bajo un denso ramaje de robles, fresnos y avellanos...

Ya por terreno llano y bajo la lluvia accedemos a buen paso al último pueblo del Baztán por una curva cerrada de la antigua carretera. En ascenso y tras dejar la iglesia a nuestra derecha, llegamos a un ensanche de la Calle Mayor donde se encuentra la Posada-Palacio Beola. Son las 11:30 horas. Una vez despojados de los chubasqueros buscamos refugio en el Hostal donde nos recibe un ambiente caldeado que se agradece. Ahora es cuestión de que la ropa se nos vaya secando sobre la marcha. En el exterior cae agua como chuzos de punta. Pensamos en como lo estará pasando Juan con lo que le estará cayendo encima. Menos mal que el tramo del bosque que hemos abierto a nuestro paso le va a permitir andar con mayor facilidad.

La Iglesia de Almandoz desde el Hostal

Ya con tranquilidad nos tomamos unos cafés bien calientes que ayuden a entonar nuestros cuerpos. Juan aparece a las 12:20 horas con el semblante radiante de felicidad a pesar del tiempo que ha tenido que soportar y que parece que no le ha causado mella y es que el paso por Zigaurre le ha reconfortado con creces. Ha podido revivir sus mejores recuerdos de juventud que tiene derecho a guardar para él. Es su Camino. Mientras esperamos la hora de la comida, pensamos que este Hostal también es un buen sitio para pernoctar, pero nosotros adelantaremos un poco la subida al Belate y nos quedaremos en la Venta de San Blas donde ya tenemos reservada habitación.

Después de una comida aceptable y de un poco de sobremesa, reanudamos el Camino cuando son las 14:30 horas. Aunque ha dejado de llover, se supone que el piso estará todo embarrado por lo que optamos subir el puerto por la carretera antigua.

Salimos de Almandoz hacia el sur del valle. A unos 800 metros, ante de la curva de acceso a la general, sale a la derecha el Camino que no vamos a seguir de momento. Seguimos la curva y atravesamos la carretera general nueva -que acaba de dejar atrás el túnel de Almandoz- por un paso inferior y por el firme antiguo comenzamos la ascensión al puerto. Vamos a buen ritmo ya que la pendiente no es muy severa. Juan como de costumbre se va adelantando poco a poco, Pepe en medio y yo detrás. Cuando llevamos 2,5 km de subida y ya con Juan muy adelantado, veo a Pepe que sale de la carretera y tras salvar un paso canadiense se interna por una pista en el bosque. Acaba de ver una flecha amarilla y la sigue, se ha cansado de asfalto. Juan va tan rápido que no se ha dado cuenta. Yo sigo a Pepe y nos internamos en un precioso bosque de robles y hayas que tanto abundan por esta zona. A unos 300 metros una flecha sobre el tronco de una haya nos desvía de la pista entrando en una senda herbosa que discurre por una vaguada hasta que llegamos a un punto que perdemos las flechas. Por intuición tomamos la directa por ladera. Ya tenemos próxima la Venta de San Blas. Yo me hago un poco de lío y voy a salir a unos corrales que me cierran el paso a la carretera. Toca retroceder por una trocha embarrada y por un portillo salir por donde sube Pepe. Ya podemos ver a Juan que se aproxima por la carretera. Ante su sorpresa, casi nos topamos con él. Estamos en la Venta de San Blas donde en el exterior nos está aguardando el matrimonio propietario de la Venta, Karlos y Xefe. Desde Almandoz han sido 4,9 km de carretera. Por el Camino señalizado hubieran sido 2,8 km, lo que supone un ahorro de 2 km aunque evidentemente esto lo acusará la pendiente. Estamos a 697 metros de altitud [1] .

Hayedo ascendiendo el Belate
Saliendo a la carretera. Ahí llega Juan.

Nos descalzamos a la entrada pues las botas van completamente empapadas de agua y la ventera Xefe, muy atenta y locuaz nos guía a una habitación muy bien arreglada. Seremos los únicos huéspedes. Después de una buena ducha, la colada, tendido de ropa y del cuerpo –deberes obligatorios del peregrino-, nos damos una vuelta por los alrededores. Aunque hace bastante fresco, parece que las nubes se van desperdigando. Desde el privilegiado mirador que forma la amplia explanada de aparcamiento de vehículos, actualmente desierta, se divisa una bella panorámica del valle y de las laderas boscosas del Belate. Abajo la carretera, con los coches que parecen hormigas, entre la salida del túnel de Almandoz, buscando por el valle el enlace con el otro túnel, el del Belate, que perfora la montaña para pasar bajo el antiguo puerto. Aunque da gusto poder estar contemplando tan bello paisaje, el fresco aconseja buscar un acomodo más cálido que encontramos junto a la chimenea del comedor que la buena de Xefe se ha encargado de cargar de leña.

Venta de San Blas

Mientras nos tomamos unas cervezas haciendo tiempo para la cena, entablamos una amena conversación con los venteros. A ellos parece no pesarles este aislamiento voluntario, con los caballos que crían y los huéspedes que a lo largo del año, principalmente en la temporada de caza, se acercan al lugar, les basta. Cuando compraron la Venta, ya sabían que la nueva carretera les iba a dejar casi sin clientela, pero lo tienen asumido, ellos se conforman con poco. Hablamos de lo humano y lo divino. De temas de actualidad, del temerario torero José Tomás, de moda en estos momentos. Xefe no entiende esa temeridad con la que se arrima al toro, que sobrepasa los límites de seguridad. Estamos a gusto con la pareja, ellos se ven necesitados de compañía y charlamos, charlamos… y casi sin darnos cuenta con el buen ambiente creado por el calorcito que desprende la chimenea, llega la hora de la cena. Xefe nos prepara un calentito puré de verduras que repetimos y jamón asado al Oporto para rematar con un exquisito requesón de la casa con miel.

Después de un poco de sobremesa, toca retirarse a descansar. Mañana nos espera la continuación del ascenso al Belate y hay que estar en condiciones para disfrutar de la etapa.

Buenas noches y hasta mañana.



[1] Nota del redactor: Antiguamente se situaba en este punto la Ermita de San Blas y un Hospital de peregrinos.