¡Bienvenidos a Urdax!

14ª JORNADA

Ainhoa-Urdax (6 km)

Domingo, 15 de junio de 2008

Hoy no tenemos necesidad de darnos el madrugón. La etapa podría catalogarse como de transición, tan solo 6 km., prácticamente un paseo. En la Ruta del Baztán, hay que ir acostumbrándose a acomodar las etapas a los servicios que puedan prestarte en cada pueblo. No en todos los pueblos existe sitio para alojarte y menos aún albergue de peregrinos e incluso bar para poder tomar algo. He pasado el testigo a Juan en cuanto a la logística. El ya se ha encargado de reservar alojamiento en una Casa Rural de Urdax pues desconocemos si ya estará abierto el Albergue de Peregrinos.

Así que cuando son las 07:30 horas, hartos de dormir, nos levantamos para iniciar la jornada con toda la tranquilidad del mundo. Sobre las ocho y cuarto, nos encontramos saliendo del camping para dirigirnos al pueblo donde esperamos encontrar algo abierto donde poder desayunar.

Cubrimos los primeros 300 metros hasta el frontón comunal. Ningún bar abierto. Los domingos no suelen tener prisa en abrir. Ya tomaremos algo en la frontera.

Junto al frontón se encuentra la Iglesia Parroquial rodeada del antiguo cementerio que observamos muy bien cuidado. Entre las lápidas y cruces se entremezclan las estelas. Una de ella se alza como monumento en la acera de la misma calle.

Envueltos en la arboleda

Seguimos sin prisas la avenida principal que hace de travesía del pueblo y a unos 250 metros del frontón, justo donde la carretera inicia una curva, torcemos a la derecha descendiendo hasta la plazoleta del gran círculo de pavimento enlosado con piedra arenisca. De frente parte una carretera local a la derecha bien señalizada con flechas amarillas semejantes a las de la Vía del Pièmont. Hace una estupenda mañana de domingo para andar. Envueltos por la arboleda de la carretera que tira un poco hacia arriba, Juan no se resiste a entonar su “Gracias a la vida…”. El entorno se lo merece.

A unos 200 metros del inicio de la carretera encontramos una bifurcación, de nuevo una flecha amarilla nos indica, sin lugar a dudas, seguir por la izquierda. Estamos en plena campiña rodeados de fértiles huertas que rezuman verdor por todas partes.Tras alcanzar una loma ya tenemos al alcance de la vista las Ventas de Dantxarinea. Iniciamos el descenso. Tras pasar “rozando” la carretera general, entramos en el poblado de Dantxaria. Por una vieja callejuela atravesamos el poblado, cuyas casas denotan el paso de los años. Salvamos el arroyo fronterizo por un puente dejando atrás el territorio francés. Por fin en España. Frente a nosotros un gran Centro Comercial. Han sido 2,5 km los recorridos desde la “gîte d’etape”.

Rebasada la desierta Aduana, llegamos a la amplia rotonda en cuyo centro se eleva orgulloso, a modo de monolito, el gran hito señalizador del inicio en Navarra del Camino de Santiago por el Baztán. Comenzamos a descubrir las flechas pintadas de amarillo, tal como estamos acostumbrados a verlas en todos los Caminos de Santiago en España.

De esta rotonda parte la carretera que se dirige a Zugarramurdi, distante unos 4 km, donde se pueden visitar las famosas Cuevas del Aquelarre [1] .

Nosotros vamos a lo nuestro, buscar un bar donde poder desayunar que encontramos 600 metros más allá de la rotonda en el complejo de la Venta Peio en el barrio de Landibar. Tanto Dantxarinea como Landibar pertenecen al municipio de Urdax. La cafetería está llena de franceses trasnochadores que hartos de juerga han acabado con la bollería, solo te pueden servir cafés con leche y con no buenos modales, así que a buscar otro bar. Unos metros más adelante lo encontramos. Aquí el ambiente es más tranquilo. Hay mesas de sobra para sentarse. Juan y Pepe se piden sendas raciones de tortilla de patatas con cerveza. Sienten ansias de comer algo español. A estas horas, yo me conformo con el desayuno tradicional de café con leche y tostadas con mantequilla. Nos informan que a uno 200 metros el Camino deja la carretera. En el supermercado de al lado, nos aprovisionamos de jamón de York y queso para la cena. Con los estómagos agradecidos, reanudamos alegres la marcha entonando ese bello tema de Cecilia que nos sale del alma:

Mi querida España
Esta España mía,
Esta España nuestra
De tu santa siesta
Ahora te despiertan
Versos de poetas
¿dónde están tus ojos?
¿dónde están tus manos?
¿dónde tu cabeza?

Mi querida España…

Camino de ribera

Efectivamente, a unos 250 metros, sale un camino de tierra, bien señalizado con la correspondiente flecha amarilla, por la parte derecha de una casa frente a un restaurante. Nos internamos por el camino que discurre entre alambradas y setos unos 150 metros enlazando con una pista asfaltada que seguimos a la izquierda durante 25 metros para tomar otro camino de tierra que se dirige por la derecha hacia el arroyo Ugarana (mas bien un río para nosotros). Pronto se forma una bóveda con la frondosidad de robles y avellanos que flanquean el camino. Y de vez en cuando una flecha amarilla pintada sobre el tronco de algún árbol. Lástima que el piso se encuentre tan enfangado y que poco a poco va poniendo perdidas botas y perneras de los pantalones. A pesar de ello, da gusto caminar junto a la corriente del río envueltos por este maravilloso túnel de la Naturaleza y escuchando el rumor de las aguas.

Tras caminar unos 500 metros por la ribera, enlazamos con la carretera de acceso a Urdax por la que vamos bordeando un monte hasta una bifurcación 250 metros más adelante en el comienzo de una curva. Una flecha nos indica seguir por la carretera de la izquierda que continua bordeando el monte hacia el Caserío Iribere. A nuestra izquierda hermosos robles cubren la ladera y por la derecha el verde prado regado por el río Ugarana y a cierta distancia el pueblo de Urdax.

Lavadero

 

 

   Manantial de troncos

Lo primero que nos encontramos es un manantial que brota de la ladera canalizado con troncos secos formando pequeñas cascadas. Incluso hay un vaso para el que quiera beber. Muy chocante. Juan no se resiste a probar el agua. Poco después pasamos por un viejo lavadero comunal y enseguida un pequeño conjunto de casas que deben formar parte del Caserío Iribere.

Caserío Iribere
Museo al aire libre de Genaro

Frente a una de ellas, nos llama la atención una cuidada parcela en la falda del monte en la que destaca una especie de choza que semeja un Portal de Belén con animales, incluido un pesebre. A su alrededor diversas figuras de cabras y cabritos, setas de piedra distribuidas por el césped y diversos elementos ornamentales fundidos con el paisaje en los que se combina con maestría de artista la madera y la piedra. ¡Qué bien está! Se queda uno extasiado al contemplar esa obra de arte tan natural. Un señor está asomado a la terraza de su casa observándonos. No tarda en presentarse. Se trata de Genaro, el creador de tan maravillosa obra de arte. Enseguida lo tenemos a nuestro lado explicando toda su obra. Es un famoso tallador en piedra y madera que de forma totalmente altruista pone a disposición del pueblo y sus vecinos su arte con la sola idea de embellecerlo. Está sobre los setenta y pocos años de edad. Le cuesta hablar en castellano, su mente piensa en eusquera. Ello no es óbice para que nos vaya explicando toda su obra aquí expuesta. No tenemos nada de prisa. Somos todo oídos. Hay que saborear esta riqueza que el Camino se complace en exponernos. Nos explica cada una de las figuras talladas en grandes losas de arenisca, a modo de alegorías relacionadas con las actividades propias del campesino. Tal como están expuestas, todas merecen su explicación. Una vez disfrutada toda su obra en piedra, nos pasa a mostrar un verdadero museo etnográfico bajo un porche. Aquí se encuentra toda clase de aperos de labranza y otras artes de maquinaria antigua. Una aserradora para cortar traviesas, un soporte para arreglar alpargatas, una máquina para hacer la “colada” utilizando las cenizas como blanqueante, etc. etc. Vaya paciencia ha tenido que tener el bueno de Genaro para coleccionar este valioso tesoro. Antes de despedirnos, nos informa que en la Iglesia del Monasterio tenemos a nuestra disposición un Albergue de Peregrinos que no hace mucho ha sido inaugurado. Le agradecemos su deferencia y nos despedimos muy contentos de haber tenido la ocasión de contemplar este hermoso museo al aire libre y conocer a su creador Genaro.

Parte de la obra de Genaro

Seguimos nuestro Camino haciendo comentarios elogiosos sobre lo que hemos visto, pasamos ante una hermosa casa en medio de la huerta que alberga el Hotel Irgoienea y casi sin darnos cuenta estamos cruzando el puente sobre el río y entrando en el pueblo de Urdazubi/Urdax, a unos 750 metros de la casa de Genaro. Accedemos a la Plaza Mayor que hace de antesala del Monasterio de San Salvador [2] y su Iglesia. Un grabado sobre la piedra que sirve de estructura a una fuente junto al río nos da la bienvenida: “Ongi etorri Urdazubira” (Bienvenidos a Urdax). Intuimos las manos de Genaro en la construcción de esta fuente.

Arroyo Ugarana a su paso por Urdax

Siguiendo la recomendación de Genaro y aunque son las once de la mañana, lo primero que hacemos es acercarnos al Restaurante La Koska(La Huella) para reservar mesa. Hoy es domingo y hay que ser precavidos. Regresamos a la plaza y preguntamos por el Albergue de Peregrinos a unas vecinas que se encuentran charlando. Y mira por donde, que una de ellas es la encargada de las llaves. No tarda mucho en ir a recogerlas a su casa y volver a abrirnos la puerta del campanario. Un cártel anuncia que en estos días tiene lugar una Exposición de pintura en el claustro del monasterio. Nos guía al primer piso donde han habilitado dos de las galerías del claustro para Albergue de Peregrinos. Las literas están alineadas en una de las galerías al final de la cual se encuentran los aseos. La mayor parte de las almohadas y colchones están todavía precintados. Lo encontramos tan bien y acogedor que no lo dudamos, nos quedamos. El precio, 5 € cada uno. Ya puede Juan ir llamando a la Casa Rural para anular la reserva. La señora nos sella las credenciales y acto seguido nos hace de cicerone en la visita a la Iglesia. La Iglesia conventual de los Agustinos es grandiosa aunque necesitada de una urgente restauración, su planta actual data del siglo XV.

Terminada la visita, nos acomodamos en el Albergue, Una buena ducha y colada es lo preceptivo. Una vez aseados nos acercamos a la tienda que está en uno de los bajos de las dependencias del antiguo monasterio. Aunque es domingo abre por la mañana principalmente para despachar el pan y la prensa. Mientras charlamos con la atenta dueña, entra Genaro a por el pan. Se sonríe al vernos. Hablamos de lo poco que les queda de vida a estos establecimientos tan arraigados a la vida de todos los pueblos por pequeños que sean. Sus hijos viven en Pamplona y Zaragoza por lo que cuando ya no pueda atender la tienda no tendrá sucesor para ella. Es una lástima. La gente ya se ha acostumbrado a comprar en las grandes superficies. Ella prácticamente atiende las faltas. Le compramos arreglo para preparar una ensalada completa, lechuga, tomate, cebolla, atún, un poco de aderezo de aceite, vinagre y sal y pan que con el jamón de York y queso adquirido en el supermercado de Landibar nos servirá de cena, y leche, cacao y galletas para el desayuno de mañana. Le pedimos que nos lo guarde hasta la tarde. Sin problemas.

Albergue de Urdax

 

 

Claustro del Monasterio de Urdax

Hay que ir aproximándose al restaurante. Pasada la fuente observamos un caz por el que fluye agua del río que se dirige a un antiguo molino. Dicen que data del año 1715. Un poco más allá, junto a una plazuela se encuentra el restaurante. Como era de suponer está repleto de comensales, casi todos franceses, al olor de la buena comida y mejores precios, menos mal que hemos reservado.

Travesía de Urdax y curiosa limitación de velocidad

Tenemos que esperar hasta las tres para que nos sirvan. Juan se pide un revuelto de setas y un solomillo de ternera; Pepe una ensalada especial de la casa y unas chuletas de cordero, mientras que un servidor, más pescatero que carnívoro, se decanta por unos chipirones salteados y una merluza a la “koska”, todo ello regado con buen vino de rioja. Hoy nos vamos a desquitar. Y bien que nos desquitamos, ha merecido la pena la espera. Todo muy bien cocinado y servido. La cuenta se sube algo, casi 130 €, pero qué más da. Se trata de nuestra primera comida en España. Como dicen por ahí. Un día es un día. Que nos quiten lo bailao.

Para ayudar a hacer la digestión, y como hoy no hemos andado lo que se dice nada, y aprovechando la buena tarde que ha quedado, nos vamos dando un paseo hasta las Cuevas de Ikaburu [3] que distan poco más de kilómetro y medio del pueblo. No hay mucha gente para visitarlas. Como nos imaginamos no serán muy diferentes a las que ya tenemos vistas en otros lugares de la geografía española, declinamos la visita que dura aproximadamente una hora.

De regreso al pueblo, nos fijamos en las altas montañas que decoran Urdax asentado en una depresión del terreno (75 msm) y que mañana salvaremos por el Puerto de Otsondo (577 msm). Una vez recogida la “compra”, es hora de retirarse al Albergue a estirar las piernas, y esperar la hora de la cena. Todo un lujo para un peregrino estar alojado en el claustro de un Monasterio.

Buenas noches y hasta mañana.



[1] En 1610, la Inquisición procesó a 40 vecinas del pueblo de Zugarramurdi bajo la acusación de brujería, condenando a 12 de ellas a morir en la hoguera. Desde entonces, las cuevas de Zugarramurdi se asocian a la brujería, y son conocidas por las celebraciones de aquelarres que tuvieron lugar en su interior.

[2] El monasterio de San Salvador data de la Edad Media, se construyó entre los siglos II y III. Inicialmente era un hospital de peregrinos atendido por los canónigos de San Agustín. Se integró en la orden premostratense a principios del s. XIII

[3] Las gentes de Urdax pensaban que las cuevas de Ikaburu estaban habitadas por lamias (seres de la mitología vasca similares a las sirenas, que habitan en los ríos). Las lamias se reunían en el Salón de Recepciones que se encuentra nada más entrar en las cuevas. Se piensa que el buen estado de conservación de las cuevas se debe precisamente a que la gente del pueblo no entraba en ellas por miedo a las lamias.