Saliendo de Bidarray, nos encontramos con este paisaje
que tenemos que recorrer hacia la frontera española.

12ª Jornada

Bidarray – Ferme Esteben (11 km)

Viernes, 13 de junio de 2008

Hoy no tenemos tanta prisa por salir. La etapa es de aproximadamente 11 km y sobre el papel no parece tan complicada como las dos precedentes, eso si el tiempo nos respeta como ayer. Además pensamos mandar por Correo los planos que ya no nos hacen falta para aligerar el peso de la mochila y la Oficina de Correos abren a las 08:30 horas.

A las ocho estamos ya desayunando en el mismo hotel y pagando la cuenta que en esta ocasión asciende bastante más que lo habitual (176 €). No se quedan cortos en pedir.

A las 08:30 horas ya estamos esperando a que abran la Oficina de Correos y una vez cumplida la misión, nos dirigimos a la salida del pueblo en dirección a la frontera española. Lamentablemente, el tiempo no está como para hacerse muchas ilusiones, el cielo está totalmente entoldado, con niebla sobre las cumbres y con pinta de llover de un momento a otro. Hay que ver lo voluble que es el tiempo por este lado de los Pirineos.

A 1 km de la Plaza de la Iglesia llegamos a la altura de una piscifactoría que queda a un nivel inferior al que mantiene la carretera. Poco después se acaba el asfalto y salimos a una senda que parece una torrentera y que se interna en descenso en un tupido robledal. Comienza a llover, no hay más remedio que ponerse los impermeables. El piso se encuentra muy resbaladizo por los regueros de agua y tenemos que descender con mucho cuidado. A pesar de la lluvia, el bosque nos parece encantador. Ya podemos escuchar el sonido de la corriente del río al que poco a poco nos vamos aproximando.

La senda termina 400 metros después en una carretera asfaltada que debemos seguir por la ribera del río. Llueve sin parar. En este nuestro peculiar Camino no nos podemos quejar de agua. Por otra parte, pienso en la caprichosa Naturaleza que ha dotado de tanta agua a la vertiente francesa de los Pirineos en detrimento de la española. El río que llevamos a nuestra derecha y que baja con tanta agua es realmente un erreka (arroyo) que lleva el nombre de “Baztán”, aunque no estamos en el valle del Baztán español. Seguimos la carretera dentro de un paraje de ensueño. De vez en cuando, algún coche aparcado en el arcén nos indica que se trata de pescadores.

Después de 2,5 km de carretera bajo la lluvia llegamos a un puente por donde salvamos el río, comenzando el ascenso por carretera zigzagueante hasta la altura de una granja donde termina el asfalto (750 metros desde el puente). Aquí estamos sin lograr localizar la continuación del GR-10. De nuevo surge la discusión. Juan no lo ve nada claro. Con la lluvia que cae, entiende que es una temeridad enfrentarse a la imponente montaña que tenemos ante nosotros. Mientras nos encontramos enzarzados en la discusión, aparece un coche que se detiene y del que descienden dos mujeres. Una vez más el amigo “Santi” que viene en nuestra ayuda. Al preguntarles por la “Ferme Esteben”, nos indican sin mucha convicción la granja de al lado. Es imposible. Solo saben que el GR-10 continúa por una trocha en ascenso directo a la montaña. Dudamos si seguir o retroceder, nos da miedo lo que nos podamos encontrar pues la montaña asusta tal como está el tiempo. al igual que la seguridad de la trocha. Al final nos decidimos. Hay que continuar y que sea lo que Dios quiera.

Entrada a la Grotte d'Arpekosaindua
Buitres

Comenzamos la ascensión por terreno rocoso. Mojado y por tanto resbaladizo. Vamos ganando rápidamente altura. Las francesas vienen pisándonos los talones. A 500 metros llegamos a un falso llano de donde parte una senda hacia arriba con unos rústicos peldaños con protección de barandilla compuesta por troncos y cabo. Es el acceso a la “Grotte d’Arpekosaindua” o Santo de la gruta, nombre dado en recuerdo de una divinidad ancestral del pueblo vasco que cree representada en una estalactita de unos 80 centímetros  situada al fondo de la cueva y que semeja una figura humana. También se le llama “Santo que suda” en razón del agua que transpira a lo largo de su cuerpo. Nos dicen las francesas que el agua que mana de esta gruta milagrosa cura las enfermedades de la piel. Para ello se debe colocar sobre el “santo” una prenda interior. Una vez empapada se vuelve a poner y a continuación se cuelga en la cueva donde queda absorbida la enfermedad [1] .

Barranco
La senda se complica..

Dejamos a las francesas subiendo hacia la cueva donde pensamos pondrán en práctica el ritual. Nosotros llevamos otras miras. Seguimos adelante en dirección a unos peñascos donde, según las francesas, existen unas buitreras. Efectivamente, unos buitres planean sobre nuestras cabezas. Pasados los peñascos la senda se complica. Ahora discurre por la inclinada ladera de un profundo barranco cuyo cauce hace de límite fronterizo. Hay que pasar por unas pedreras y salvar algunos riscos resbaladizos donde tenemos que poner los cinco sentidos y hacer uso de las manos para seguir adelante y todo ello con el riesgo de caída al imponente precipicio que tenemos a nuestra izquierda. Menos mal que los tres nos vamos ayudando para superar las dificultades. Sobretodo por mi parte pues me siento mas inseguro. En eso que aparecen dos senderistas frente a nosotros que vienen a paso ligero y se nos cruzan en un santiamén. Ahí se nota la agilidad de la juventud que todo lo puede. Con la lluvia y los continuos roces con las rocas nos estamos poniendo calados hasta los huesos. Pero el amigo “Santi” está ahí presente y hace de ángel de la guarda. Aparecen otro senderista maduro inglés cargado con mochila que toma sus precauciones en el descenso más peligroso aún. Estamos deseando llegar a lo más alto. Se nos hace eterna la travesía por esa senda inhumana. Gracias a Dios todo llega y alcanzamos por fin la máxima altitud entre la niebla y la lluvia  sin más novedad que el cansancio y la mojadura. Otro solitario senderista inglés cargado con un gran mochilón se dispone a iniciar la bajada. Qué Dios le proteja. Nos dice que lo que nos queda a la Ferme Esteben es prácticamente llano y sin dificultad alguna. Menos mal. Desde el inicio de la trocha hemos recorrido 2 km muy exigentes.

Hemos pasado las pedreras
Ahora vienen los riscos

Miramos a nuestro alrededor con la esperanza de encontrar algún refugio donde guarecernos y mira por donde que a nuestra derecha aparece un corral techado y hacia él nos dirigimos. Debe formar parte de la Granja Cithabouron.(640 m). Gracias de nuevo amigo “Santi”. Los pies los tenemos ya completamente mojados y no digamos los pantalones. Una vez dentro del corral nos desprendemos de los chubasqueros y comemos algo de lo que llevamos. Yo me tomo una pastilla energética. Mientras, en el exterior llueve sin cesar. ¡Qué paraje más inhóspito!

Tiempo infernal allá arriba
Mojón fronterizo. Juan en el lado español,
yo en el francés.

No es cuestión de permanecer mucho rato aquí pues nos podríamos enfriar. Así que a enfundarse los chubasqueros y ¡ULTREIA! Pronto recuperamos las marcas y el sendero. Menos mal que el terreno es prácticamente llano como nos dijo el inglés pero está totalmente anegado. Con las botas chapoteando a cada paso, vamos siguiendo la línea fronteriza. Llegamos al mojón nº 82. Sigue el páramo. En menudo berengenal nos hemos metido.

Restos de Dólmen en el Col de Méhatché

1,7 km más adelante llegamos a una pista asfaltada, justo en el Col de Mehatché (716), donde se sitúa otro mojón junto a los restos de unos dólmenes. De momento ha cesado de llover. Aunque ya que mas da. Por la pista, vamos rodeando una colina y cuando llevamos 900 metros, justo donde la pista forma una curva cerrada, las marcas nos desvían por una senda que sale a la izquierda. Frente a nosotros ya podemos divisar sobre la loma opuesta una gran granja que debe ser la Ferme Esteben.

Comienza ahora una bajada por senda muy pedregosa. En el lado español advertimos una encrucijada de caminos. Llegamos de nuevo a la línea fronteriza que habíamos dejado en el collado y entre lindes alambrados, desembocamos en un barrizal mezcla de boñigas, tierra y agua putrefacta que no sabemos como superar. No hay forma de rodear. Las botas que se habían limpiado con la lluvia y la hierba mojada se nos cubren de nuevo de cieno hediondo, pues no hay mas remedio que atravesar el lodazal, no hay alternativa. Un senderista que viene en direcciòn contraria se las está viendo y deseando para pasar. Superado el obstáculo con el lodo hasta los tobillos, llegamos al Col des Veaux (Puerto de los Terneros). Y la verdad es que a tenor de los boñigos amontonados en el camino debe tratarse de un paso obligado para el ganado. Han sido 900 metros desde el desvío.

Ya por pista vemos a unos senderistas caminar por el PR-6 español. 600 metros después nos encontramos por fin ante la gran puerta de acceso a la Ferme Esteben. 100 metros más adelante llegamos al gran patio da de la casa principal. Son las 14:00 horas.

La dueña nos indica donde se encuentra la gîte d’etape. Una construcción independiente de la granja situada a unos 100 metros. Cuando llegamos a ella, el alma se nos cae a los pies. Nos quedamos de piedra. Para entrar, es necesario pasar por una pocilga. Y si deprimente es el exterior, qué decir del interior. Es un desastre. Las puertas chirrían sobre los goznes y no encajan en los dinteles. El dormitorio comunal, en deplorable estado, se reparten unas 8 literas de madera rústica en un ambiente cargado de humedad. En menudo sitio nos hemos metido. De los aseos ¡qué decir! Por lo menos para mí, imposible ducharme en el estado en que se encuentran y más aún con el agua helada. Pero ya estamos aquí y hay que apechugar con las consecuencias. Es el Camino que nos hemos impuesto y además, con el tiempo que hace, ¿dónde vamos a ir?

Entrada a la Ferme Esteben
Llegando a la Ferme Esteben

Después de cambiarme de ropa, extiendo el saco de dormir sobre uno de los camastros, me las arreglo como puedo para enjuagar las perneras de los pantalones en el lavabo y tiendo toda la ropa mojada en un tendedero que improvisa Pepe. Acto seguido me introduzco en el saco con dos mantas encima y pronto me quedo medio dormido. No obstante, Juan y Pepe, después de un rato de estiramiento de piernas, dicen que se van a la casa principal. Yo pienso que no está el tiempo como para andar paseando y me quedo solo en el cuchitril.

Entre sueños oigo el sonido de la lluvia que no deja de caer. Al cabo de un buen rato me despiertan balidos de ovejas que se aproximan, dando la impresión como que quisieran entrar. Espero que Juan y Pepe hayan cerrado bien las puertas. Las ovejas no cesan de balar sobretodo los corderitos. No hay quien duerma pero adonde ir… Por lo menos el saco y las mantas me mantienen caliente.

Después de un buen rato, aparecen Juan y Pepe con papeles de periódico con cuyas hojas rellenamos las botas y a las siete y media nos acercamos juntos a esperar la hora de la cena. Para llegar a la casa, es necesario atravesar una pradera convertida totalmente en un charco. Dentro del porche acristalado se está bien. Nos llega el calor de las chimeneas encendidas de la casa. Mientras estamos sentados esperando la hora de la cena, nos entretenemos con el deambular por el gran patio de los animales domésticos de la granja. Un pollo no para de pillar gallinas. Los patos a su aire por otro lado y los perros cubiertos de barro asqueroso correteando como si tal cosa. La dueña y un hijo llegan por el camino dirigiendo a las vacas a los corrales. Las ovejas ya deben estar a cubierto. Poco a poco todos los animales van buscando refugio para pasar la noche. El gallo, aun tiene tiempo de pillar a otra gallina mientras entra en el corral. Menudo fiera está hecho el gallo.

Llega la hora de la cena. Hay hambre. La “garbure” entra muy bien, caliente como está, y de segundo unas salchichas con tortilla a la francesa. Suficiente para recuperar calorías que las necesitaremos para pasar la noche.

Terminada la cena, nos hacemos con unos periódicos para reponer las hojas que estarán empapadas dentro de las botas y sin más dilación, a pasar el "charco".

Una vez en el chamizo, cerramos como podemos las puertas desencajadas y no tardamos mucho en introducirnos en los sacos de dormir. Esperemos que no haya que levantarse mucho durante la noche. La verdad es que hoy no hemos tenido mucha suerte con la etapa, pero al fin y al cabo la hemos superado. Algunas veces, el Camino se muestra así de crudo. Si Dios quiere, mañana por fin estaremos en Ainhoa donde enlazaremos con el Camino del Baztán.

Buenas noches y hasta mañana.



[1] Nota del narrador: En relación con la cueva, cuenta la leyenda que una pastora se perdió en la montaña. Al cabo de un tiempo solo apareció de ella su cabeza. Durante muchos años se oían voces en la noche “Espera, espera..” gritaba alguien en la montaña. Un día a medianoche se vio penetrar una intensa luz en la cueva.  Los habitantes de los alrededores se reunieron allí y encontraron la estatua de la “Santa”. Desde aquel día no se volvió a escuchar ninguna voz en la montaña.