Vista del valle desde el Auberge de Gamia

9ª JORNADA

Sant Just Ibarre - Saint Jean-Pied-de-Port (21 km)

Martes, 10 de junio de 2008

A las 07:00 horas ya estamos tomándonos el copioso desayuno servido por la dueña del Albergue de la que nos despedimos agradeciéndole sus atenciones.

De momento la lluvia respeta nuestro adiós al pueblo que hacemos cruzando el río por el puente romano y retomando la ruta por una carreterilla que sale a la derecha a 100 metros del puente.

Por terreno llano y entre huertos caminamos respirando el aire puro de la mañana. Juan comienza a entonar sus canciones y Pepe y un servidor se unen al canto en los estribillos y cuando Juan divisa una flecha, a silbar. A 700 metros del desvío cruzamos un arroyo con bastante agua. No escasea el agua por estos valles. Tienen suerte los paisanos. A 400 metros del puente, entroncamos con la carretera D168 que tomamos a la derecha.

150 metros más adelante pasamos por el caserío “Plazagaïna”. En la pared de una antigua posada llama la atención un letrero grabado con la figura de un jinete. Unos 50 metros después, dejamos la carretera por una pista asfaltada que bordea una colina a media ladera y pasa por una casa donde se fabrican artesanalmente makilas (bastones tradicionales vascos con diversos adornos cuyo elemento principal es la madera de níspero o castaño y que bajo la empuñadura suelen estar provistos de un estoque de acero inoxidable).

Una vez rebasada la colina, pasamos a otro valle que se atraviesa y tras salvar el arroyo Bidouze enlazamos con la carretera D120 a la altura de la pequeña comuna de Ibarrolle.

Auberge de Gamia

Desde Ibarrolle, enfilamos el valle por la carretera en ascenso suave. Para no perder la costumbre, comienza a llover, así que no hay mas remedio que enfundarse el impermeable y abrir el paraguas que me está siendo de mucha utilidad. A 2 km de Ibarrolle, comenzamos el ascenso propiamente dicho a la segunda tachuela importante del Camino, el Col d’Askorizabal. Tras 3 km de sinuosa subida bajo la lluvia, alcanzamos el puerto desde donde tenemos un hermoso panorama del gran valle que forma parte de la región de Cize. Un cartel nos indica Auberge de Gamia al que nos dirigimos. Los estómagos ya nos están pidiendo su ración mañanera y la lluvia y fresco aumenta nuestro apetito.

Nos despojamos de los impermeables empapados de agua y en un resguardo del porche los extendemos junto a las mochilas. El Hostal de Gamia es un amplio establecimiento con unas vistas envidiables. A pesar de la lluvia, es un placer para los sentidos estar contemplando el verde valle que se extiende bajo nosotros con sus casitas diseminadas y algunos pueblecitos, mientras los rebaños de ovejas dan cuenta de los suculentos pastos de las laderas de las montañas El camarero habla el español y se enrolla muy bien con nosotros. Aprovechando la circunstancia, Juan no se lo piensa y pide unos huevos fritos con jamón que nos vendrían bien a todos. No hay problema, en un momento los tendremos en la mesa. Ha habido suerte. Ya teníamos ganas de comer algo con sabor español. Regados con unas cervezas, con el pan vamos relamiendo la sabrosa yema a medio cuajar mezclada con jamón y la clara cuajada. Nos sabe a poco pero hay que controlarse. Unos calentitos cafés rematan el almuerzo. Con las fuerzas renovadas, ya podemos reanudar el Camino con nuevos bríos.

Menos mal que ha dejado de llover, así que podemos ir descendiendo por el camino señalizado saboreando el magnífico paisaje que se abre ante nuestros ojos. Juan no se resiste a entonar su canción favorita:

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.


Bussanaritz desde el Camino
Enlace con la gran vía jacobea francesa

Poco a poco, las casitas esparcidas entre el verde campo y los pueblecitos se van acercando. Al fondo hacia el sur la barrera pirenaica cubierta de nubes tormentosas. Ya podemos reconocer un pueblo que debe ser Bussunaritz y el castillo de Apath algo más alejado. Después de 3,8 km de descenso por lomas y laderas, enlazamos con la carretera por donde discurre la gran vía francesa de peregrinaje por la que circulan los peregrinos provenientes de Tours, Vezelay o de Le Puy, los tres Caminos franceses por excelencia.

Mientras estamos titubeando por la dirección a tomar, vemos a un maduro peregrino barbudo asomar tras una curva. Ya no tenemos duda alguna por donde seguir, a la izquierda. El peregrino se detiene y se aparta del Camino, suponemos a descansar.

Ya por asfalto, tomamos la carreterilla y 1,1 km  después estamos atravesando la comuna de Bussunaritz por el camino de sirga que forma la carretera.

Castillo de Apath

A 700 metros de Bussunaritz enlazamos con la departamental D120 que habíamos dejado en lo alto del puerto y pasamos por el caserío de Apat con su esbelto castillo a la izquierda. En este lugar se asentaba en el medievo un Hospital de Peregrinos del que solo quedan restos de la iglesia románica.

Seguimos por la carretera y a 1,7 Km estamos entrando en la comuna de Saint Jean le Vieux en cuya plaza central se alza un crucero y vemos a muchos peregrinos descansando o tomando algo en las terrazas de los bares aprovechando los tímidos rayos solares que aparecen por momentos entre las nubes.. Nosotros todavía estamos haciendo la digestión de los huevos fritos. Seguimos adelante, solo quedan 4 km para llegar a S. Jean-Pied-de-Port. Preguntamos a una peregrina por la salida del Camino y no duda en contestarnos. –-Au fond de la place à gauche (al fondo de la plaza a la izquierda).

Crucero de Sant Jean le Vieux
Iglesia de Santa María Magdalena

Salimos de San Juan el Viejo por caminos vecinales para evitar la carretera departamental con mucho tráfico. A 1,6 km la cruzamos y 800 metros más adelante llegamos al barrio de La Magdalena y su Iglesia dedicada a la Santa. Se encuentra abierta lo cual agradecemos. Santa María Magdalena está representada con larga cabellera en un gran cuadro situado en el centro del Retablo Mayor. Pepe tiene el ingenio de depositar en una repisa bajo el cuadro, una cinta de una de las romerías a la Ermita de la Magdalena en Castellón. Es todo un detalle. No podía faltar nuestro recuerdo de Castellón en el Camino del Pièmont y no podía haber elegido mejor ubicación.

Sta. María Magdalena
Acogida de peregrinos en SJPP

Tras cruzar el río Laurhibar por un precioso puentecito, enfilamos el camino que discurre al principio por la ribera izquierda del río, separándose pocos metros después hasta el encuentro de la carretera D401. Ya tenemos S. Jean.Pied-de-Port a la vista. Cruzamos la carretera y por una vía secundaria (Chemin de Sant Jacques), subimos hacia la Ciudadela por la que entramos a través de la Puerta de Santiago. Nos encontramos ante todo un hito del Camino de Santiago en Francia, Saint Jean-Pied-de-Port. La adoquinada rue de la Citadelle que desciende empinada, es un hervidero de peregrinos. A mano derecha se encuentra la Oficina del Peregrino atendida por miembros de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de los Pirineos Atlánticos. Cuando llega nuestro turno, sellamos las credenciales y con amabilidad nos preguntan en perfecto español si necesitamos alguna ayuda. Como ya tenemos reserva en el Albergue La Maison des Etoiles” solo preguntamos por el lugar en que se encuentra. –Bajando la calle a la izquierda una vez pasado el puente sobre el río. Aprovechamos para felicitarles por lo bien señalizado que está Le Chemin du Pièmont. Prácticamente, las peculiares flechas nos han traído en palmitas.

Puerta de Santiago en SJPP
Calle de España en SJPP

Seguimos descendiendo por la rue de la Citadelle bordeada de casas con fachadas de piedra arenisca en las que se alternan los tonos rosa y gris. Observamos los dinteles de las puertas que ostentan, grabados en la piedra, el nombre de la casa, la fecha de construcción, el nombre de los primeros propietarios y a veces incluso su profesión u oficio. Llama la atención también los aleros de las casas, anchos y profusamente decorados que recuerdan algo a los de las casas de Palma de Mallorca. Llegamos a la Iglesia de la Asunción de la Virgen en la parte baja de la calle y frente a nosotros tenemos un curioso campanario en el que hay abierta una puerta que da acceso al Puente de Nôtre Dame sobre la Nive (río) de Béhérobie. Encima de la puerta y protegida por un nicho está la imagen de la Virgen del Niño. Atravesamos la Puerta y nos detenemos unos momentos sobre el Puente para contemplar con tranquilidad como fluyen las aguas en las que se ven reflejadas las vetustas casas que lo flanquean con sus coloridos balcones de madera. Realmente es una postal. Pasado el puente, enfilamos la rue d’Espagne (vía obligada de partida de los peregrinos hacia Roncesvalles), llegando hasta la Puerta homónima y tenemos que preguntar pues no conseguimos localizar el albergue. Al final nos lo habíamos dejado atrás cerca del puente.

La Nive de Béhérobie en SJPP

Una vez localizado nos presentamos al dueño-hospitalero de una casa construida en el siglo XVIII y después de tomarnos los datos, cobrar la tarifa y sellar las credenciales nos guía hasta nuestra habitación, tan vieja como la casa. Es lo que hay. Se ve que el que más y el que menos aprovecha su casa, sin preocuparse de su estado, para convertirla en albergue de peregrinos con lo que se sacan sus buenos dineritos.

Aseados y hecha la colada habitual, estiramos las piernas sobre los camastros que crujen bajo nuestro peso a cualquier movimiento. Una hora de descanso está más que bien. Provistos de los impermeables y paraguas salimos a pasear por el pueblo en cuyas calles casa sí, casa también, hay un comercio. Como la rue de la Citadelle los dinteles de las puertas en la rue d'Espagne llevan inscripciones originales grabadas en la piedra. Lo primero que hacemos es aprovisionarnos de pan, embutido y plátanos para el almuerzo de mañana. Pepe se encapricha del chocolate que ve en un escaparate y no se lo piensa para entrar, comprar y en un santiamén, saborear un trozo de chocolate cada uno. Aunque bastante caro, todo hay que decirlo, está buenísimo.

Iglesia de la Asunción

Cerca de la Iglesia de la Asunción, nos encontramos a Christiane y Chantal que se muestran muy contentos al vernos. Dicen que han visto a los belgas y que podríamos cenar juntos, ellos se encargan de reservar mesa en Chez Dedé. Aceptamos con gusto y continuamos nuestro paseo bajo lluvia intermitente. Nos encontramos a los peregrinos belgas Claude y Chantal que nos invitan a unas cervezas. A pesar de la lluvia las calles están llenas de peregrinos que continuan llegando.

A las siete asistimos a la Misa del Peregrino en la Iglesia de la Asunción. Antiguamente llamada de Notre Dame du Bout du Pont. Es una construcción de estilo gótico sobre base románica. A la misma asistimos muchos peregrinos, entre ellos nuestros amigos belgas y franceses.

Terminada la Misa, nos dirigimos al restaurante Chez Dedé que está totalmente abarrotado de peregrinos. La cena consta de varios menús de diferentes precios. Cada uno pide lo que le apetece. Hablamos largo y tendido sobre nuestros proyectos inmediatos. Los belgas Claude y Chantal van a continuar por carretera para enlazar en Irún con el Camino del Norte y los franceses Christiane y Chantal seguirán la tradicional peregrinación hacia Roncesvalles. Nosotros retomaremos los Pirineos por el GR-10. Tras los cristales de las ventanas vemos desfilar otra carga de peregrinos que acaban de llegar en taxi o autobús y se deben dirigir a los albergues. Entran en el local unos peregrinos mallorquines con ganas de cenar. A uno de ellos le pedimos que nos saque una foto. Piensan seguir también el Camino tradicional. Nos intercambiamos con nuestros compañeros de mesa las direcciones y e-mail’s con la promesa de comunicarnos al regreso a casa contando la experiencia vivida. Concluida la cena y tras una breve sobremesa, nos despedimos definitivamente con un fuerte abrazo y deseándonos mutuamente BUEN CAMINO.

Sobremesa en Chez Dedé con nuestros amigos peregrinos

En el exterior llueve sin parar, así que lo mejor es refugiarnos en el Albergue y descansar que mañana nos espera una jornada completamente distinta a las que llevamos. El dueño del albergue nos dice que por la mañana podemos desayunar a partir de las siete y media. Antes de subir a la habitación, comprobamos la ropa tendida que sigue mojada. Con la nochecita que hace, ya veremos si la ropa termina de secarse.

El sonido de la lluvia, golpeando contra aleros y cristales, es como un arrullo. No tardamos mucho tiempo en caer en los brazos de Morfeo.

Buenas noches y hasta mañana.