Catedral de Oloron Ste. Marie

5ª JORNADA

Arudy - Oloron Ste. Marie (22,8 km)

Viernes, 6 de junio de 2008

Antes de las siete, ya estamos en la cocina. Parece que somos los más madrugadores. Poco a poco van apareciendo los demás y también el Padre Pièrre que nos ayuda a preparar los desayunos. No falta de nada, café, té, chocolate, leche, pan, bollería casera, mantequilla, distintos tipos de mermelada, etc. etc, todo a discreción. El Padre Pièrre nos dirige los últimos consejos. –Hasta Buzy, no vayáis por la ruta señalizada que da un gran rodeo, id directamente por la carretera. En Buzy podéis retomar el Camino.

Una vez bien desayunados, nos despedimos de todos agradeciendo especialmente al Padre Pierre sus atenciones. A Marcelo le deseamos todo lo mejor, Buen Camino y con un fuerte abrazo sellamos nuestra amistad. A los demás seguro que nos encontraremos en cualquier momento.

Una vez en la calle, Juan se percata que ha olvidado el bordón. Debe haber sido en la Casa de las Hermanas. Regresa aún pero se encuentra cerrada. Es muy temprano. Son las 07: 45 horas. No es cuestión de esperar, así que adelante.

Por la Plaza del Ayuntamiento, buscamos la salida hacia Buzy. Callejeando dejamos atrás las últimas casas de Arudy hasta enlazar con la D920 y cruzar el puente sobre el Gave d’Ossau (1200 metros desde la casa del cura).

Por el arcén izquierdo, caminamos carretera adelante. Nos cruzamos con un peregrino francés que vuelve de Santiago y que prácticamente ya está en casa. Eso sí que es verdadera peregrinación salir de casa y volver a ella. No conozco a ningún español que lo haya hecho.

3,6 km después del puente dejamos la carretera departamental y accedemos a la localidad de Buzy que atravesamos sin más.

Salimos de Buzy por una carreterilla local. Entre huertos, 900 metros después llegamos a la altura de una nave abandonada donde hacemos una parada “técnica” y aprovechamos para ponernos los chubasqueros pues comienza a llover.

Ente Buziet y Ogeu
Saliendo de Buziet

800 metros después pasamos por el pueblecito de Buziet. Siguiendo la señalización tomamos una carreterilla que dejamos por la derecha 1 km más adelante. Por pista de tierra y entre huertos llegamos a las calles de Ogeu (3,1 km desde Buziet). Son las diez pasaditas y es hora de ir pensando en tomar algo. Por casualidad nos cruzamos con una furgoneta que vende pan. ¡Ni hecho a propósito! Parece enviada por nuestro amigo “Santi”. Con el pan recién horneado, buscamos una tienda de alimentación donde compramos embutido, queso y unas cervezas y nos dirigimos a la plaza de la Iglesia donde nos desprendemos de las mochilas y en unos bancos nos preparamos unos soberbios bocadillos. Ha dejado de llover pero las nubes siguen amenazando más agua.

Con los estómagos complacidos, buscamos la salida frente la Oficina de Correos. El silbato de Juan nos indica que hemos reencontrado la señalización, estamos de nuevo en el Camino. Por firme semiempedrado y entre plantaciones de maíz caminamos a buen ritmo. A unos 2 km dejamos la granja Maison Neuve a nuestra derecha y ya por carreterilla asfaltada comenzamos a ascender una colina. Juan y Pepe se adelantan y yo sigo a mi paso controlando mis fuerzas. En lo alto de la colina observo como Juan y Pepe están tratando de entenderse con unos paisanos de Herrere, pueblo en cuyas inmediaciones nos encontramos. Hemos recorrido 4,6 km desde Ogeu.

Bajando por el barro hacia el Gave d'Ossau

Ahora toca descender la colina. A 400 metros viene una bifurcación. El silbato de Juan nos señala ir por la carretera de la izquierda. 1 km después llegamos al cruce de acceso al aeródromo donde un grupo de personas se encuentran preparadas para iniciar alguna aventura aérea. Nosotros seguimos a nuestro aire. A unos 900 metros llegamos a una urbanización donde una flecha nos desvía a la izquierda por un camino que va rodeando una gran plantación de maíz durante casi 1 km. Cada vez con mas fuerza se escucha el ruido del agua del río. Por un camino embarrado y en pronunciada bajada, donde hay que hacer equilibrios con los bastones para no resbalarnos, vamos aproximándonos a la ribera del Gave d’Ossau. En la parte más baja tenemos que franquear como Dios nos da a entender unos grandes charcos de agua y lodo, para llegar al Pont du Diable. Un viejo puente que salva el río en un lugar de exuberante vegetación. Desde que dejamos la finca han sido 700 metros de barro. Nos detenemos unos instantes para observar la bajada de las aguas turbulentas del río. Nos sorprende la cantidad de agua que llevan los ríos franceses. Comienza a llover con fuerza pero la pista que llevamos ahora se encuentra con gravilla que por lo menos nos salvaguarda del barro. La lluvia forma una densa cortina ante nosotros. Yo voy con el chubasquero y el paraguas que evita se me empañen los cristales de las gafas. Son casi la una. Aún podemos llegar a buena hora para comer.

El Puente del Diablo sobre el Gave d'Ossau

Entre árboles de ribera vamos ascendiendo suavemente durante 2,3 km hasta alcanzar la carretera D238, donde enlazamos con el Camino de Arlès que procede de Oloron Ste. Marie y se dirige hacia el sur por el valle del Aspe al encuentro del Puerto de Somport. Mirando en esa dirección observamos los Pirineos cubiertos de nubes, para no variar. En estos momentos nos acordamos de Marcelo. ¿Cómo le irá yendo la jornada? Tenía una etapa algo complicada hasta Sarrance, pero estamos seguros de que el amigo “Santi” le habrá echado una mano y llegará sin novedad.

Tomamos la carretera a la derecha ascendiendo con suavidad, pasamos por el cementerio y 1,7 km más adelante llegamos al barrio medieval de Sainte Croix en cuya plaza de Saint Pièrre se alza la Iglesia de Sainte Croix construida en estilo románico a finales del siglo XI y principios del XII, y que cumplía también el papel de ciudadela por estar situada en lo más alto de la colina. Desde el Puente del Diablo hemos recorrido 4 km en poco menos de una hora.

Una vez en la Place de St. Pièrre solo nos falta callejear en descenso durante unos 600 metros hasta cruzar el Puente sobre el Gave d’Aspe. Nos encontramos en centro urbano de Oloron Sainte Marie con apariencia de ciudad. Desde Arudy hemos recorrido 22,8 km. Son las 14:00 horas y tenemos hambre. En el primer restaurante que encontramos, justo pasado el puente, nos introducimos y tenemos suerte, todavía nos pueden atender.

Nos desprendemos de los chubasqueros chorreando y nos disponemos a tomar lo que nos ofrezcan. Tenemos hambre y no es cuestión de andarse con remilgos.

Apurada la comida con avidez, nos dirigimos a la calle donde nos indicó el Padre Pièrre que se encontraban los albergues. Menos mal que ha dejado de llover. El del argentino está completo. No conseguimos encontrar otro, así que optamos por acercarnos hasta la Oficina de Turismo donde nos reservan plaza en el Albergue Municipal de La Bialé que lo tenemos muy cerca. El albergue forma parte de un edificio de varias alturas con un gran patio. Está preparado para alojar a mucha gente.

Acomodados en una habitación de cinco camas para los tres, nos damos una buena ducha y hacemos la colada peregrina que tendemos en el balcón de la habitación que da al patio, con las cuerdas que llevamos. Parece que de momento las nubes se han retirado y hace sol y algo de viento por lo que pronto se secará la ropa. Ahora toca estirar un poco las piernas y descansar sobre la cama.

Detalles del pórtico de la Catedral

Sobre las seis salimos a visitar la ciudad. Nos acercamos a la catedral. Una robusta iglesia-fortaleza emplazada en lo más alto de la ciudad. La joya de la catedral es su pórtico románico del siglo XII, único elemento arquitectónico que permanece intacto del edificio original tras los incendios sobrevenidos y que motivaron su restauración en estilo gótico. Después de observar con admiración el pórtico, protegido por una torre campanario, y su gran tímpano de mármol blanco rematado por un parteluz y dos jambas, nos dirigimos al interior. En la sacristía nos sellan las credenciales sin problemas. Una muchacha francesa nos saluda, ella también ha sido peregrina y nos cuenta algo de su experiencia. Del interior de la catedral, merece destacar sus vidrieras y lo que nos llama poderosamente la atención es un pequeño cuadro. Se trata de la Santa Cena pero con un curioso detalle, el de la incorporación de María Magdalena sentada junto a Jesús. Después de pasar cierto tiempo contemplando el Retablo Mayor y las capillas laterales, salimos al exterior y continuamos la visita de la ciudad. Nos desplazamos hacia el río que cruzamos por el puente para dar una vuelta por la margen derecha. Ya hemos pateado bastante la ciudad, es hora de buscar un lugar donde cenar algo. Al final nos decantamos por una socorrida pizzería.

Vidrieras de la Catedral
Cuadro de la Santa Cena

Al salir el fresco de la noche nos avisa de que es hora de retirarse a descansar. Recogemos la ropa tendida y a dormir.

Buenas noches y hasta mañana.