Logroño

9ª Jornada
Sábado, 26 de abril de 2003

Los Arcos -Logroño

Parcial 29 Km; Total 231,8 Km; A Santiago: 597 Km

El Ebro, un gran río

             Me despierta el sonido del golpeteo incesante de las gotas de agua al chocar contra los cristales de la ventana cual eco de los latidos del corazón al filo de mis sueños. Un breve duermevela, y de vuelta a la realidad a levantarse toca. Como era de esperar llueve sin parar y lo peor de todo es que el cielo está completamente cubierto de nubes con signos evidentes de mas agua. Vaya día me aguarda!!

         Después de desayunar en el bar, me enfundo el chubasquero y a caminar bajo el constante aguacero. De momento la pista por la que transito está en buenas condiciones se nota que el firme drena bien pero lamentablemente éstas terminan cuando las flechas te dirijen a un carril de rodadas a la derecha de la pista que pronto se convierte en un completo barrizal. Cuesta trabajo mover las piernas, las suelas de las botas se llenan de barro pegajoso lo que añade un peso adicional pero es necesario continuar, no es cosa de quedarse plantado allí. El barro del carril y los charcos de lado a lado continuan durante un buen rato hasta que el carril desemboca en la carretera local asfaltada de Sansol. Ha sido un tramo infernal, toda una odisea, pero al fin se acabó el sufrimiento. Restriego con insistencia las botas, primero con la hierba que crece en el arcén y luego con el asfalto aprovechando pequeños charcos hasta dejar las suelas completamente limpias. He dejado atrás a dos peregrinas que se las veían y deseaban para cruzar los charcos y el barrizal, qué habrá sido de ellas!! seguro que se las apañarán para llegar como yo lo he hecho.

        Sigue lloviendo, así que no dejo el arcén de la carretera hasta llegar a Torres del Río donde hago un receso para descansar y almorzar en un bar frente a la Iglesia del Santo Sepulcro de planta octogonal, prima-hermana de la de Eunate pero sin claustro.

        En el bar me informan que el Camino de salida de Torres del Río hasta su encuentro con la carretera no tiene problema de barro y me informan bien ya que a pesar de la lluvia la tierra con la que está formada la pista parace ser que absorve bien el agua y se mantiene sin apenas charcos. Salgo a la carretera a la altura de la Ermita de la Virgen del Poyo tomando a partir de ahí el arcén de la carretera, no me fío del estado que pudieran encontrarse las sendas por el Barranco Mataburros. Si en condiciones normales este tramo tiene fama de rompepiernas me figuro lo que tendrá que ser con barro añadido.

        Así que por el arcén izquierdo encamino mis pasos hacia Viana. En el trayecto me alcanza un peregrino con el que había compartido mesa almorzando en Torres del Río que me pasa como una exhalación. Yo sigo a mi ritmo, no tengo prisa. Antes de llegar a Viana deja de llover.

        Paso por la Iglesia Parroquial de Santa María donde reposan los restos del cardenal Cesar Borgia muerto en batalla cerca de la localidad donde aprovecho para sellar la credencial. Aunque es pronto me acerco al Bar Pitu donde me espera una sana comida.

        Reanudo el Camino después de un breve reposo sestero, solo restan 9 km para llegar a Logroño. Hace una tarde magnífica, ni frío ni calor. Atrás queda el maldito barro del que casi no me acuerdo. Rodeado el Cerro Cantabria, rindo visita a los dominios de la difunta Tía Felisa, encuentro tras la mesa situada en el exterior de su casa a su hija Maria Teodora a la que doy el pésame. Ha recogido el testigo de su madre y continua atendiendo a los peregrinos sellando sus credenciales y ofreciendoles "higos, agua del botijo y amor".
Puente de Piedra. Logroño

        Por fin me encuentro con un gran río, el Ebro, el mas caudaloso de la Península Ibérica. Lo cruzo por el Puente de Piedra y a media tarde llego al Albergue, lleno a rebosar. Me da la impresión que muchos de los alojados se hacen pasar por peregrinos. Después de acomodarme como puedo en ese maremagnum de huéspedes y después del habitual aseo salgo al exterior al encuentro del amigo Antonio Zorrilla que ha venido de Mirande de Ebro a saludarme y pasar unas horas conmigo. Pasamos una tarde muy entretenida rondando la calle Laurel y aledaños, aompañando la charla con unas buenas tapas y vinos. Gente por todos lados haciendo el acostumbrado paseo de los sábados-tarde.

        Poco a poco la tarde va tocando a su fin. Llega la hora de la despedida. Agradezco cordialmente al amigo Zorrilla su deferencia por compartir conmigo unos momentos de Camino y ya solo me dirijo al Albergue a descansar. En la recepción unos ciclistas discuten con el hospitalero acaloradamente para que les de alojamiento, resulta que ni tienen ni saben lo que es una Credencial lo que demuestra el tipo de peregrinos que son.

        Subo a mi dependencia y sin más preámbulos me tumbo sobre el catre. Paso una noche bastante intranquilo, no sé como ponerme para evitar los ronquidos que impacientan sobretodo a una peregrina valenciana que se queja al no poder conciliar el sueño. Enfin, son los gajes del peregrino.      

      Buenas noches y hasta mañana.

 

Estella-Los Arcos Logroño-Ventosa

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