Ruitelán

28ª Jornada
Sábado, 17 de mayo de 2003

Villafranca del Bierzo-Ruitelán

Parcial 21,2 Km; Total 675,6 Km; A Santiago: 153,5 Km

A las puertas de Galicia

           Tampoco he pasado una buena noche pero al menos parece que algo he podido dormir. Me levanto como de costumbre a las siete menos cuarto y a las siete ya estamos saliendo del Hostal hacia el Bar Méndez, al final de la calle junto al río Valcarce. Santos y Merche hacen su desayuno normal y yo sigo con mi manzanilla y la pastilla energética esperando mejores tiempos.

          Emprendemos la jornada por la carretera que discurre a la derecha del Río Valcarce, exuberante de vegetación, escuchando el sonido de sus aguas turbulentas mezclado con el canto de las aves de ribera que alegra el ya bello paisaje. Siguiendo el curso ascendente del río, vamos rodeando hasta salir a la antigua carretera nacional a la altura de la boca de un túnel.

          Continuamos en pendiente sostenida disfrutando del paisaje, por el arcén izquierdo de la desierta carretera que discurre por el angosto valle que da acceso a las tierras gallegas. Con la apertura de la autovía, el tráfico intenso se ha desplazado a ella.

          Jugando con el río y la autovía que tenemos que pasar por debajo un poco antes de llegar a Pereje, nos plantamos en el desvío de acceso, bordeamos un hermoso castañar y poco después estamos atravesando el pequeño pueblo, cuando son las 08:45 horas. Como Santos y Merche han desayunado bien y yo no quiero forzar el estómago, pasamos de largo el bar en el que no se han resistido a entrar varios peregrinos. Pasamos ante el albergue de peregrinos y poco después salimos de nuevo a la carretera.

          Seguimos por el arcén en continua subida hasta alcanzar Trabadelo, con un área de servicio en la que coinciden una gasolinera y un par de hostales. En la explanada, Merche compra unas cerezas a unos lugareños que vamos comiendo por el camino. En este punto se junta el Camino que viene de Pradela.
El viaducto de Ruitelán

          A 2 km, un giro a la izquierda siguiendo la primitiva N-VI y ya estamos completamente encerrados en el valle del Valcarce. La autovía discurre por las alturas de viaductos que van salvando lasirregularidades del terreno. El ruido de los camiones ha sido sustituido por el trinar de los pájaros que abundan en este paisaje de ensueño que nos brida la Madre Naturaleza.

          Los pasos bajo los viaductos se suceden mientras remontamos el valle. Los coches que circulan por la autovía parecen de juguete. Tras el paso por uno de ellos, entramos en la localidad de Vega de Valcarce. El Albergue aparece a la derecha, casi empotrado en el tramo final de un viaducto.

          Son casi la una, buena hora para hacer un receso y comer. Entramos en el restaurante donde había comido en mi primer Camino con Juan Luis y Visi y tras un ratito de espera nos sirven la comida, muy apetitosa como de costumbre aunque yo me tengo que conformar con unos espaguetis, no quiero aun forzar al estómago.

          Tras un buen descanso, proseguimos el ascenso por el valle rodeados cada vez con más espesura de castaños que hacen las delicias de nuestras miradas. A nuestra izquierda, el Castillo de Sarracín emerge con orgullo sobre una peña rodeada de exuberante vegetación.
Capilla de San Froilán

         A las tres, estamos entrando el Ruitelán donde hemos decidido dar por concluida la etapa de hoy. Nos presentamos en el Albergue de Peregrinos que se encuentra a la entrada del pueblo en una casona recuperada. Nos atiende el atento Carlos que nos sella la credencial y nos asigna cama. Tras la ducha y colada, un poco de siesta para reposar las piernas.

          Sobre las seis, quedamos para dar una vuelta por el pueblo. Nos acercamos al bar donde nos tomamos unos cafés. A continuación nos dirigimos a la ladera de un monte donde se asienta una capilla cuyas piedras denotan el paso del tiempo por el musgo acumulado sobre ellas. En este sombrío lugar, dicen que estuvo retirado el eremita San Froilán, el que fue Obispo de León.

          Regresamos hacia el pueblo, una paisana nos invita a que bajemos a un establo cerca del río para ver un ternerillo que casi acaba de nacer. Merche se queda ensimismada con el animal. Volviendo al Albergue, observamos la autovía en las alturas, su visión produce pánico. La tarde se va volviendo fresca.
En el Albergue con Santos y Merche

          En el Albergue somos los únicos españoles. Carlos y Luis nos preparan la cena. Yo les digo que voy a comer solamente los espaguetis aliñados con un poco de aceite. Ya veremos si esto será suficiente para la subida que nos espera mañana Con música clásica de fondo, degustamos una cena entrañable en compañía de los 5 peregrinos que comparten con nosotros el Albergue, dos italianas muy delgadas, una pareja de austriacos muy robustos y la solitaria Mª José, residente en Burdeos, que coincidió conmigo en el Albergue de Grañón. Después de una entretenida velada, llega la hora de retirarse a dormir. Por lo menos yo, lo estoy deseando.

          Buenas noches y hasta mañana.

                                

Ponferrada-Villafranca del Bierzo Ruitelán-Triacastela

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