Cruz de Ferro

26ª Jornada
Jueves, 15 de mayo de 2003

Rabanal del Camino-Ponferrada

Parcial 32 Km; Total 631,1 Km; A Santiago: 198 Km

Los Montes de León

        Me levanto como de costumbre. A las 07:30 horas, ya estoy desayunando con Santos y Merche en el mismo Albergue. Una buena taza de café con leche como las de antes más unas tostadas de pan de pueblo con aceite. Todo ello servido con esmero por la atenta co-propietaria. Es más que suficiente para acometer las primeras rampas de ascenso a la Cruz de Ferro.

         Hoy voy a ir acompañado. Santos y Merche van a ser mis compañeros de jornada. Es lo bueno que tiene el Camino Francés, que cuando lo deseas puedes ir en compañía y cuando te apetece un poco de soledad, la puedes conseguir.

         Hace una mañana fresca serrana, muy buena para andar. Hay que tener en cuenta que nos encontramos a casi 1200 metros de altitud y tenemos que superar los 1500 metros. Acometo con decisión los primeros repechos que no son obstáculo alguno para mi cuerpo que ya soporta 600 km de Camino. Con algún tramo de carretera, alguna senda y pista, entre monte bajo de brezo y retama, alcanzamos el acceso al poblado de Foncebadón por el que entramos por la calle Real. Nos recibe un gran crucero de madera que aparenta sostenerse a duras penas. Alrededor son todo casas abandonadas. Una sensación indescriptible de soledad invade el cuerpo y se te pone la carne de gallina. No se ve ni un alma. Solo se escucha el ulular del viento que sopla con insistencia, masacrando más aún las ruinas y la ya escasa vegetación de tan inhóspito paraje. A su paso, doy una rápida mirada al hotel rural. Posiblemente sea el único vestigio de vida del pueblo. Me pregunto cómo habrá llegado este pueblo a esta situación de desidia. Y pienso en las duras condiciones climatológicas que tendrían que soportar sus habitantes, principalmente durante los crudos inviernos. Si abandonan pueblos con clima más benigno, ¡cómo no van a abandonar éste!
El crucero de Foncebadón
Santos y Merche en la calle Real de Focebadón

         No hay más que ver, así que después de salvar como Dios nos da a entender unos tramos encharcados, salimos del fantasmagórico pueblo como almas en pena perdiéndonos tras una colina. Poco después, alcanzamos de nuevo la carretera y ya tenemos a la vista la rústica Cruz de Ferro que remata un largo poste, asentada sobre un "milladoiro" de piedras que los peregrinos han ido dejando a lo largo de los años.
Ante la Cruz de Ferro. con Santos y Merche

         En la explanada que rodea la mítica Cruz, punto mágico entre el cielo y la tierra, se hacen fotos los peregrinos tras depositar o arrojar su piedra. Algunos incluso cuelgan del poste objetos personales. Un poco separada, podemos ver la Ermita de Santiago, al que doy las gracias por haber llegado tan lejos y rogándole me conserve la moral alta y las piernas fuertes para continuar. Nos encontramos a la nada desdeñable altura de 1504 metros, casi el techo del Camino que alcanzaremos pronto. Son las 09:15 horas.

         Después de echar un último vistazo a la cruz, nosdisponemos a continuar el Camino por un sendero que discurre cerca de la carretera.

         2 km después, oímos el repique de una campana nos devuelve a la realidad. No cabe duda, estamos llegando al Refugio de Manjarín. Construido por el infatigable "caballero templario" Tomás, un hito de carne y hueso del Camino. Un panel compuesto por tablones direccionales a los lugares más insospechados, nos marca su distancia. El esforzado Tomás que ha conseguido crear este reducto de hospitalidad en un lugar tan salvaje, nos ofrece un café que aceptamos con gusto.
        
Santos y Merche ante el Refugio de Manjarín

Enseguida retomamos una senda a la izquierda que pasada una fuente serpentea entre la vegetación de monte bajo y tras pasar unos arroyuelos se incorpora de nuevo a la carretera. Que cruzamos unos metros más adelante, para dejarla por una pista protegida con una cadena que sale a la derecha. Estamos bajo la antena de comunicaciones y dependencias militares. Es el techo del Camino: 1517 metros. Vamos cumbreando durante unos 3 km. Valles medio perdidos y pueblecitos incrustados en las laderas nos ofrecen un paisaje espectacular. No lejos de allí, se encuentra el nombrado Valle del Silencio.

         Ahora toca un descenso pronunciado y peligroso. Un cártel avisa a los ciclistas de esta circunstancia. En descenso pasamos por un temible y resbaladizo piornal donde hay que extremar las precauciones. Y enseguida nos encontramos entrando por la calle Real de El Acebo, según algunos la más pintoresca de León, primera típica localidad de El Bierzo, donde decidimos hacer una parada para almorzar algo en el bar junto al Albergue. Un bocadillo con embutidos típicos de la zona es más que suficiente para recuperar energías.

         Saliendo de El Acebo, pasamos por un monumento formado por una gran roca sobre la que descansa el "esqueleto" de una bicicleta, con las alforjas y atributos del peregrino. Una placa recuerda a un ciclista peregrino alemán muerto en este lugar por accidente.

         El Camino sigue en descenso cruza el río Meruelo por un bellísimo puente medieval que nos introduce en la calle Real de Riego de Ambrós que guarda todo el aroma de las viejas rúas, con casas de buen porte, muchas de ellas blasonadas y donde merece la pena contemplar los típicos balcones de madera engalanados con macetas de plantas con flores.

         El Camino sigue descendiendo, es mucho el desnivel que había de vencer, hacia un precioso vallecillo. Vadeamos el río de la Pretadura. El curandero Balbino no está en el sitio de costumbre. Ahora nos toca ascender un poco hasta un collado, envueltos de jaras y bajo la sobra de hermosos chopos y castaños. Desde el collado podemos ver ahí abajo la serpenteante carretera hasta la que tenemos que descender. Los cuádriceps se tienen que emplear a fondo en esta bajada. Hemos vencido un desnivel de 900 metros en tan solo 12 kilómetros, es decir, casi en picado, el más pronunciado del Camino.
Puente de Molinesaca desde la terraza del restaurante. Al fondo el campanario del Santuario V. de las Angustias.

         Seguimos ahora la carretera pasando por delante del Santuario de la Virgen de las Angustias empotrada prácticamente en el monte, entrando en Molinaseca por el bellísimo puente romano sobre el río Meruelo que desemboca en la calle Real, verdadera "sirga peregrinal". Es la una de la tarde, buena hora para tomar algo y descansar. Cosa que hacemos en la terraza de un restaurante pegado al puente.

         La terraza está muy concurrida en este día soleado. En una mesa próxima a la nuestra, unas peregrinas se encuentran en plena faena de dar cuenta del típico "botillo", ya veremos si consiguen terminarlo. Apostamos a que no. Nosotros tomamos el menú del peregrino.

         A las dos y media ya estamos de nuevo dispuestos para la marcha. Enfilamos la calle Real repleta de bares o "bodegas" como aquí los llaman. A mi paso por la localidad en el Primer Camino me aseguraron que habían contado 34. Se me antojan muchas pero cuando lo dicen es que será así. Lo que sí observamos, es que casi todas las casas lucen su blasón.

         A la altura del Albergue de Peregrinos, saludamos al hospitalero Alfredo que está sentado con unos peregrinos a la puerta del albergue y nos devuelve el saludo con un BUEN CAMINO.

         Nos faltan 8 kilómetros para llegar a Ponferrada. Marchamos a buen ritmo por el arcén izquierda de la carretera, convertido en acera. A la vista aparecen tras la montaña, dos columnas de humo blanco que deben proceder de la Central Térmica de Compostilla. Llegamos a la desviación del Camino hacia la localidad de Campos, justo cuando comienza la Urbanización Patricia, de hermosos chalets, pero nosotros continuamos por la carretera, hay que ahorrar kilómetros. Al terminar la Urbanización, cruzamos el puente sobre el río Boeza (afluente del río Sil) y 1200 metros más adelante nos encontramos entrando al gran pueblo de Ponferrada después de salvar la vía férrea por un paso inferior. Cuando llegamos a una rotonda, tomamos la Avenida del Castillo y 300 metros más allá, en una segunda rotonda, ya tenemos el Albergue de Peregrinos a nuestra derecha después de pasar un gran aparcamiento de coches, donde hacemos la entrada a las 16:15 horas.

         Hay cola para sellar las credenciales y asignar camas. Es normal, pues este Albergue es de los más usados por los peregrinos. Una vez acomodado, me doy una buena ducha y a hacer la colada que tiendo en el tendedero del jardín. Hace una buena tarde para pasear, pero yo me quedo a descansar un poco.

         Sobre las siete salgo con Santos y Merche a visitar la ciudad y buscar un restaurante donde cenar. Pasamos por el famoso Castillo Templario y por el Arco del Reloj accedemos a la Plaza del Ayuntamiento donde nos sentamos un buen rato en una terraza de bar, y nos refrescamos con unas cervezas, mientras llega la hora de la cena, a la vista de la Torre del Reloj.

         Ya en el restaurante, Santos y Merche se piden el menú del peregrino y yo veo que tienen un pulpo en salsa que me apetece. Pero no tengo suerte, el pulpo estaba muy aceitoso y baboso, me parece que mis compañeros han tenido más suerte al elegir.

         Sin más que hacer, nos retiramos al Albergue y a dormir que hoy han sido 32 kilómetros y se notan. Hay que cargar baterías para mañana.

         Buenas noches y hasta mañana.

                                

Astorga-Rabanal del Camino Ponferrrada-Villafranca del Bierzo

Portada