Ermita de la Virgen de los Perales

21ª Jornada
Sábado, 10 de mayo de 2003

Sahagún-Reliegos

Parcial 30 Km; Total 508,6 Km; A Santiago: 320,5 Km

De nuevo solo

           A las siete y media salgo con Juan Luis del Albergue, dispuesto a reanudar el Camino de nuevo en solitario. Hacemos un buen desayuno en el Bar "El Ruedo" y llegó la hora de la despedida. Es la realidad del Camino manifestada en toda su crudeza. Juan Luis me cede su bordón y nos fundimos en un abrazo. Un abrazo de amistad y comprensión. Le deseo todo lo mejor, mucho ánimo y que se recupere pronto. Nos deseamos "Buen Camino" y nos separamos cada uno a su destino.
Arco de San Benito

       Me dirijo a la parte baja del pueblo, intentando centrarme en el Camino y tras pasar las ruinas del Monasterio de San Facundo y el Arco de San Benito salvo el río Cea por el Puente del Canto, sólida construcción de casi un milenio de antigüedad. Haago una breve parada para contemplar la chopera donde la historia sitúa el combate entre Carlomagno y el rey moro Aigolando, en el que perdieron la vida unos 40.000 combatientes. Cuenta la leyenda que las lanzas cristianas florecieron al ser clavadas en la pradera.

           El Camino abandona definitivamente el pueblo y se interna en la campiña. Ando tratando de habituarme a los dos bordones. Pronto lo consigo, comprobando la bondad de su uso. Tras pasar unas charcas, llego a la altura de la localidad de Calzada del Soto que dejo a la derecha y emprendo el camino por un andadero arbolado que discurre en perfecto tiralíneas paralelo a una pista de concentración parcelaria. Marcho completamente solo a un ritmo constante. Son momentos de abstracción y recuerdos.

           Casi sin darme cuenta llego a la altura de la Ermita de la Virgen de los Perales, donde es obligatoria una corta parada aprovechando para tomar unas fotos. Un kilómetro más adelante alcanzo la población de Bercianos. En un cruce de calles a la derecha localizo el bar, donde me dirijo. Me encuentro con Concha, ha dejado sola a Akiko que desea caminar en solitario. Es hora de almorzar, así que un pincho de tortilla de patatas con una cerveza no me sentará mal. Me despido de Concha y a seguir.

           El sol comienza a calentar lo suyo. Sigo a mi ritmo por el interminable andadero y tras una hora y media entro por las calles de Burgo Ranero que me recibe con las campanadas del reloj de la iglesia de las 12 del mediodía. Localizo el Bar Peregrino y entro sin más. Hay que descansar hasta la hora de la comida. Saludo al propietario, me recuerda y también a Juan Luis de quien le transmito sus saludos. Le pongo en antecedentes. Me pasa a una dependencia donde puedo reposar tranquilamente en espera de la hora de la comida. Quiero pernoctar en Reliegos para tener León a tiro de piedra.

           Aparece Concha en compañía de Akiko, han salido juntas de Bercianos. Akiko se quedará en el Albergue mientras Concha continuará a Reliegos, no le ha gustado la actitud rígida del Hospitalero francés.

           A las dos llega la hora de la comida. Hoy no tengo mucha suerte, la comida deja mucho que desear. Tomo los bártulos y a continuar. Son casi 13 kilómetros los que tengo por delante.

           Es horrible caminar por estos páramos y con el sol de justicia que cae peor aún. Los arroyos se suceden cada poco tiempo, pero la limpieza brilla por su ausencia. Es una pena ver las zonas de descanso llenas de papeles y residuos orgánicos. Es una asignatura pendiente para muchos peregrinos.

           Villamargo se siluetea al fondo, pero da la sensación de alejarse al ir avanzando. Es curioso. La vía del tren discurre solitaria a una cierta distancia a la derecha. Un tren de mercancías rompe la monotonía del paisaje. Da la sensación de encontrarme en el lejano oeste americano. El panorama es desolador.

           Villamargo se resiste a ser alcanzada. Paso junto a una base de avionetas y al fin llego a la altura de la carretera de acceso al pueblo. El apeadero del tren queda a la derecha. Una gran soledad inunda el paisaje. Parece como si los peregrinos se hubieran esfumado. La carretera que llevo a la derecha está recién asfaltada pero el tráfico de vehículos es prácticamente nulo.

           Pon fin comienza a confluir la vía del tren con la carretera. Pasa un tren regional. Cruzo las vías por un paso a nivel y continúo por el arcén de la carretera.
Reliegos se resiste. Los últimos kilómetros son los que mas largos se te hacen. Me da la impresión de que tras ese altozano se hará ver, pero es solo una ilusión, es una nueva curva y otra cota. Tras un área de recreo situada en una hondonada, aparecen por fin las cuevas-bodega que jalonan el camino a la entrada del pueblo. Son las 06:30 horas. Lo primero que hago es dirigirme al albergue y asignarme litera baja. El albergue está casi al completo de peregrinos, de los que destacan los brasileños. Una buena ducha, la colada de costumbre y a pasear un poco, ya habrá tiempo de descansar por la noche.

           Me acerco al bar para preguntar por la hora de la cena. No tengo suerte, esa noche no sirven cenas pues están de Comunión de un nieto. Así que no tengo más remedio que acudir a una tienda para que me preparen un bocadillo.

          Como no hay mucho que ver en el pueblo, me dirijo a la plaza donde me siento en unos escalones a esperar la hora del bocadillo, contemplando el ambiente de peregrinos que se mueve por la plaza.

           Se acercan una pareja de peregrinos que igual que yo, esperan la hora del bocadillo para cenar. Nos presentamos. Se trata de un matrimonio mayor residente en Pamplona. El se llama Santos, natural de la misma Pamplona y ella Merche, gallega de Boiro. Enseguida entablamos conversación y al parecer nos compenetramos. Se pueden contar con los dedos de una mano los peregrinos españoles con quien poder dialogar. Sentados en una acera de la plaza, damos cuenta de los bocadillos. Es hora de volver al Albergue.

           El comedor y la cocina se encuentran acaparados por los brasileños que se desgañitan, sobresaliendo por su vozarrón un brasileño al que llaman Campagnolo, aparenta el líder del grupo. El automático de la red eléctrica, salta a cada momento porque quieren cocinar todos a una y la línea se sobrecarga. La Hospitalera les llama la atención. Nosotros poco tenemos que hacer ahí, no tenemos vela en ese entierro, así que lo mejor es retirarnos a nuestras respectivas literas e intentar dormir. Por lo menos descansaremos mientras terminan la juerga los brasileños.

           Recibo una llamada de un amigo peregrino de Madrid, Javier Martín que me comunica que el jueves comenzará el Camino en Astorga. Así que posiblemente nos encontremos. A ver si es verdad.

           Buenas noches y hasta mañana.

 

Calzadilla de la Cueza-Sahagún Reliegos-León

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