Refugio "templario" del Arroyo San Bol

16ª Jornada
Domingo, 4 de mayo de 2003

Hornillos del Camino-Castrojeriz

Parcial 19 Km; Total 393,1 Km; A Santiago: 436 Km

Resti, hospitalero de Castrojeriz

             Durante la noche parece ser que al místico peregrino no le hemos caído en gracia o simplemente no le estábamos dejando dormir; a media noche, cuando me levanto para evacuar una urgencia, casi tropiezo con él en el pasillo. Se me quita un peso de encima; sabiendo que está fuera duermo mas tranquilo. Cuando comienza a clarear el día y nos levantamos, nos damos cuenta que había hecho mutis por el foro. Qué extraño sujeto!!

        A las 08:00 nos encontramos camino de la siguiente etapa. Acabamos de desayunar en el Albergue, café con leche preparado por el alcalde-hospitalero y unas galletas.

          A la salida de Hornillos comienza un repecho que nos deja en el siguiente páramo. Todo es desolación a nuestro alrededor pero como el campo está tan verde, hace que nuestra vista se sienta recreada y nos haga olvidar la soledad que impera en esta inmensa meseta que se pierde en el horizonte sin la presencia de un triste cerro que rompa la monotonía del paisaje. Así vamos haciendo camino hasta llegar a un barranquillo donde se levanta una original construcción junto a una arboleda, se trata del Refugio de Peregrinos de San Bol. Esta vez tengo curiosidad por conocerlo, así se lo manifiesto a Juan Luis que declina acompañarme y se queda junto al Camino aprovechando para dar descanso a sus doloridos piés.

          La verdad que el Refugio es un tanto espartano. Hay varios peregrinos desperdigados. El paraje parece un oasis en medio de la gran meseta. Aquí no se conoce ni la luz eléctrica ni el agua corriente, ni los servicios, un lugar totalmente aislado del mundanal ruido. El agua la proporciona el arroyo que la acumula en una balsa que se aprovecha para asearse, pero está tan fría... El hospitalero me ofrece un té o café, se lo agradezco pero no tengo ganas, ya he visto bastante. Pienso que en verano es un buen sitio para pernoctar por el frescor que emana del entorno, será maravilloso contemplar el firmamento en esas largas noches estrelladas de primavera o verano, pero en invierno no parece aconsejable quedarse.

          Regreso al Camino. Allí me espera el bueno de Juan Luis al que le ha venido de maravilla el descanso. Reanudamos la marcha, Hontanas se hace rogar, ya lo sabía de mi anterior camino. Se ven los tejados de las casas cuando estás casi encima de ellos.
Hontanas. Calle Mayor

 

          En Hontanas entramos en el bar de Vitorino, un especímen muy singular del Camino. Su habilidad para atraer a la clientela se basa en hacer llegar a su garganta a través de los orificios nasales el vino que vierte desde un porrón a su frente. El numerito del porrón lo ha hecho famoso, sobretodo entre los peregrinos guiris y a él le vale para llenar su desastroso local, hacer caja y tratar de congraciarse con las peregrinas a las que intenta seducir pero pienso que con poco éxito, y es que se le ve venir a distancia. Se trata de uno de los vividores del Camino pero en realidad es un pobre hombre que cree que todo el mundo peregrino es orégano y no sabe lo que hacer para desahogarse, al final pienso que tendrá que contentarse con hacerlo platónicamente.

          Después de tomarnos unos refrescos de cola y charlar un rato con él, reanudamos el Camino pero no vamos por donde nos indican las flechas, lo hacemos por la carretera a la tentadora sombra de la fila de árboles que la flanquean; por el sendero, que al final empalma con la misma carretera, ni una sola sombra. Así se lo hacemos comprender a Tulio y Marcos que nos han alcanzado y deciden seguir nuestros pasos.

          Pasamos bajo los arcos del ancestral Convento de San Antón, donde hacemos una parada para observar con detenimiento lo que queda de él y descansar antes del último tramo que será de carretera a pleno sol.
Sta. María del Manzano a la entrada de Castrojeriz

          

          Con Juan Luis quejándose de sus pies entramos en Castrojeriz dirigiéndonos al Bar Oliva donde encontramos a Resti y las hospitaleras brasileñas Vera y Rosa María a los que saludamos con un fuerte abrazo. Las brasileñas ya habían informado a Resti de nuestra cercanía. Y como hasta las cuatro no abren el Albergue nos quedamos allí mismo para comer con ellos. Después mantenemos una agradable sobremesa. Cuando tienen que marcharse para abrir el albergue, permanecemos un rato más descansando la comida. Cuando llegamos al Albergue solo quedan tres plazas libres, si nos descuidamos.... Como era de esperar la última plaza se ocupa enseguida teniendo que abrir el Albergue Municipal.

          Después de la siestecilla, nos juntamos con los brasileños Tulio y Marcos, Resti, y las hospitaleras alrededor de una mesa del Bar El Lagar donde hacemos tertulia al amparo de unos vinos.

          La tarde va cayendo lentamente, llega la hora de tomar algo de alimento y retirarse a descansar. Parece que el cielo comienza a nublarse, es posible que no tarde en llover. Si fuera así -comento con Juan Luis- mañana tendremos que rodear por Castrillo de Matajudíos, no quisiera tropezar con el barro en la subida a Mostelares, como el año pasado.

          Hasta mañana, buenas noches.

                                

Burgos-Hornillos del Camino Castrojeriz-Boadilla del Camino

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