Un lugar especial del Camino cerca de Sto. Domingo de la Calzada

12ª Jornada
Martes, 29 de abril de 2003

Azofra-Grañón

Parcial 22 Km; Total 287,8 Km; A Santiago: 540 Km

José Ignacio, el Cura de Grañón

             Me levanto sin prisas y después de recoger mis bártulos me acerco a desayunar al Bar Sevilla. La mayoría de la clientela son peregrinos extranjeros.

             Emprendo la jornada con muchos ánimos, casi llevo 300 km recorridos y no siento ningún signo de cansancio y lo que me anima más, ninguna dolencia. Paso ante la "fuente de los romeros", cruzo la carretera y poco después ante mí emerge un famoso "rollo jurisdiccional" uno de los pocos que quedan en la geografía española, límite de los términos municipales de Azofra-Alesanco, rodeado de campos de vides.

           Enfilo la subida hacia Cirueña. Al llegar al bosque de castaños me llevo una enorme sorpresa y al mismo tiempo desilusión. Unas alambradas separan el camino del bosque de unas obras que se están llevando a cabo y hacen que el camino se desvíe en dirección a Ciriñuela. Un gran cártel anuncia la construcción de un Campo de Golf. Los promotores han sabido elegir el lugar adecuado. La próxima vez que pase por el lugar seguro que me encontraré con alguna urbanización. Los rodeos por obras me llevan igualmente a la carretera entre Cirueña y Ciriñuela que tras seguirla unos minutos las flechas me hacen girar por la pista que sale a la izquierda por terreno ya conocido. De sobra conocido diría yo, me estoy acercando al lugar donde comenzaron mis males en la rodilla izquierda durante mi primer Camino. Tras unos cortos balbuceos, la pista me lleva a un altozano desde donde se divisa a lo lejos, abajo en la llanura, Santo Domingo de la Calzada. Fue aquí, precisamente aquí, en este altozano donde se iniciaron los dolores. Me detengo, dejo la mochila en el suelo y me siento sobre una piedra. Los recuerdos invaden mi mente, mis pensamientos se retrotraen a aquel día tan triste para mí. Comparo las dos situaciones. Qué diferencia!! ahora me siento de maravilla, no me resiento de nada, ni un leve dolor y eso que vengo desde Somport. Una alegría inmensa se apodera de mi cuerpo que se manifiesta con un escalofrío que lo recorre de arriba a abajo. Hago una foto a mi mochila, bordón y sombrero con Santo Domingo al fondo, cargo con mis bártulos y ULTREIA!!, ADELANTE!!. Al reanudar la marcha, ya estoy completamente convencido que llegaré a Santiago.


Santo Domingo de la Calzada

          Son las 11:30 cuando hago mi entrada en Santo Domingo de la Calzada enclavada a los pies de la Sierra de la Demanda. Me dirijo a la Catedral donde estampo el sello en mi credencial, descanso un rato en un banco de la Plaza Mayor a la sombra de la majestuosa Torre Exenta. Es hora de almorzar, me dirijo hacia la Plaza de la Alameda que preside la Casa del Santo hoy convertida en Albergue de Peregrinos y cerca de allí, en la Calle Pinar, entro en un bar cuyo nombre no recuerdo pero creo que siempre localizaré. Pido una tapa de tortilla española y está tan rica que no tengo mas remedio que repetir. Es normal -me dice el dueño- es la tapa preferida de la clientela, la especialidad de la casa. Ya he contentado al estómago por lo menos hasta la noche.
Cruz de los Valientes. En el Camino a Grañón

        Atravieso la localidad, cruzo el puente sobre el río Oja construido por el mismo Santo Domingo y después de cinco km de marcha por el arcén de la antigua carretera, la abandono por una pista que sale a la izquierda, continuación del Camino. El calor va en aumento y comienza a soplar un viento fuerte. Me detengo ante una sencilla cruz de madera bien plantada sobre una loma poco después de tomar la pista, se trata de la Cruz de los Valientes. Es aquí donde se dan cita los vecinos de Grañón y Sto. Domingo el 25 de agosto de cada año para celebrar una famosa romería de hermandad donde comparten una suculenta "caparronada".

         Son las 14:15 cuando llego a la localidad de Grañón emplazada entre el monte Carrasquedo y el cerro de Maribel, dirigiéndome por la Calle Santiago al Albergue de Peregrinos en la Plaza de la Iglesia. Ubicado en un lateral junto al campanario forma parte de la Iglesia Parroquial de "San Juan Bautista" construida entre los siglos XV y XVIII. Es uno de los Albergues de la red hospitalaria de José Ignacio, más conocido como el "Cura de Grañón". Me atiende muy amable Pablo, hospitalero brasileño. Después de una buena ducha, hago una siestecilla. Poco a poco van apareciendo mas peregrinos entre ellos las francesas Joelle y Samia que está muy contenta con sus nuevas botas regalo de su paisana. Samia es un verdadero terremoto además de irradiar simpatía por los cuatro costados. Pablo nos ofrece un té. El Albergue es muy acogedor, después de subir por unas estrechas escaleras se entra al albergue propiamente dicho por un pasillo que da acceso a un gran salón con chimenea francesa en un rincón, que hace las veces de sala de estar, comedor y una cocina muy bien pertrechada adosada; subiendo por unas escaleras de madera se accede a la sala dormitorio, lástima que no disponga de literas; en el pasillo se encuentran los servicios y duchas. Llama la atención un pequeño cofre abierto a la izquierda del pasillo con una leyenda que reza: "Coge lo que necesites, deja lo que puedas"; conmovedor!!, no se puede expresar tanto con tan pocas palabras.

          A media tarde, salgo con Joelle y Samia y nos sentamos ante la única mesa en el exterior de un bar situado en la calle Mayor. Charlamos animadamente sobre historias de peregrinos y anécdotas del Camino mientras saboreamos unas frescas cervezas. Llegan los peregrinos madrileños que van a hospedarse en una Casa Rural. Han visto a José Ignacio que les ha invitado a cenar en el Albergue a pesar de no alojarse en él. Hablan "pestes" del albergue donde pernoctaron en Azofra, el de los alemanes. Nos cuentan que a partir de las tres de la madrugada comienza el zafarrancho de combate y ya no hay quien pegue ojo. Quisiera haberles dicho que les está muy bien empleado por despreciar el albergue de la buena de María pero... queda para mi fuero interno.

         Tras un largo rato de tertulia, me despido, necesito andar un poco. Dirijo mis pasos al otro extremo del pueblo. Me recibe un gran mirador desde donde se divisa una vista panorámica de la extensa mancha verde de campos cuajados cereal que se pierden en el horizonte al encuentro de la vieja Castilla. Me quedo extasiado contemplando el amplio espectáculo que se abre ante mis ojos. Y es que Grañón es el último enclave del Camino Francés en La Rioja. Mañana me recibirá Castilla.


Panorámica de Grañón

        Llega la hora de regresar al Albergue, habrá cena comunitaria. Dos peregrinas italianas que vienen acompañadas por el marido de una de ellas se ofrecen a cocinar unos macarrones. Quien mejor que ellas podrían hacerlo!! Mientras tanto hace su entrada José Ignacio, altivo e impecable de aspecto, vestido de "cleryman" color negro, ni una arruga en su vestimenta. Viene "arropado" por varios acompañantes. Dos de ellos serán los nuevos hospitaleros que relevarán a Pablo. Uno es alemán y el otro brasileño, Guillermo se llama, que yo había tenido el gusto de conocer al pasar por Ruesta. Han estado participando en un cursillo de hospitaleros en Granada y llegan con la lección recién aprendida.

          Nos sentamos todos alrededor de la larga mesa, somos 16 comensales. Cuando nos disponemos a iniciar la cena, aparece como por arte de magia una nueva peregrina. Se presenta como Mª José, francesa, procedente de Burdeos que viene a reanudar el Camino que tuvo que interrumpir por una lesión grave de tendinitis el año pasado. Al momento le hacemos un hueco en la mesa, no faltaría más. No podía haber llegado más a punto. José Ignacio se dispone a bendecir la mesa según la costumbre cristiana, costumbre por otra parte casi totalmente desarraigada en la sociedad española: "Bendito seas, Señor por esta comida que vamos a compartir y que es signo de paz, de alegría y fraternidad. Amén". "Amén" -contestamos todos. Confieso que hacía tiempo que no oía tales o parecidas palabras.

          Como ya viene siendo costumbre, los únicos españoles del grupo de comensales somos nuestro anfitrión José Ignacio, tres de sus acompañantes del pueblo y yo. "El Cura de Grañón" se convierte enseguida en la figura central del grupo. A él van dirigidas la mayoría de las preguntas y de él provienen la mayor parte de las respuestas. Habla José Ignacio de un nuevo albergue de peregrinos que formará parte de su jurisdicción y que está próximo a inaugurar en Tosantos. Uno de los acompañantes será su primer hospitalero. La cena transcurre con total normalidad en un ambiente cada vez mas familiar. José Ignacio expone la similitud que existe entre el Camino de Santiago y el Camino de la Vida. Ambos requieren un aprendizaje y formación. Durante la infancia se aprende principalmente a caminar es fundamental para el peregrino que lo hace durante las primeras etapas, durante la adolescencia el ser humano amplia conocimientos y se forma, es lo que el peregrino hace más o menos en el tramo intermedio y por último la madurez en la que se lleva a la práctica lo aprendido, ya se conoce casi todo de la Vida, es para el peregrino la verdad del Camino, su sentido y trascendencia, se trata del último tramo hasta Santiago... donde justamente allí, alcanza la plenitud. Un simil muy acertado y que comparto. Mi primera impresión del "Cura de Grañón" no puede ser mas positiva, una persona muy culta que conoce como nadie las esencias del Camino, tanto las materiales como las espirituales.

       La pasta "al dente" como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta la procedencia de las cocineras pero para mi gusto se pasaron un pelín de picante.

          Terminada la cena José Ignacio invita a quien lo desee a acompañarle al coro alto de la Iglesia. Allí, cada cual busca acomodo en uno de los 18 asientos que conforman la sillería del coro construida a mediados del siglo XVII. Era la primera vez en mi vida que tenía el honor de ocupar un asiento tan especial. José Ignacio da comienzo al ceremonial con unas oraciones leídas en cuatro idiomas. Las palabras de José Ignacio, envueltas de gran solemnidad, retumban en el profundo silencio del recinto sagrado. En la oscuridad del templo un foco de luz ilumina la representación del nacimiento de Jesús, uno de lo detalles del artístico Retablo Mayor de estilo renacentista restaurado durante el Año Santo de 1993 y que está dedicado a los Santos Juanes. Después de las oraciones, José Ignacio lee una lista de peregrinos que habían pasado por el albergue y que en estos momentos deberían estar encaminándose a Santiago. Para todos ellos pide la protección del Apóstol. Concluídas las oraciones José Ignacio pregunta a cada uno la fecha prevista de llegada a Santiago para recordarnos de igual modo día a día. Un detalle muy digno de agradecer. Todo es muy emocionante. José Ignacio, "el cura de Grañón" termina de causarme una excelente impresión, buen amigo del peregrino produce la sensación de ser un enamorado del Camino, por el que me consta se ha batido en primera linea en momentos difíciles, lo que le causó serios problemas con sus superiores. Pero ahí lo tenemos al pié del cañón en su particular lucha para que el verdadero sentido del Camino nunca se desvirtúe por culpa del egoismo y la avaricia ciega de unos cuantos aprovechados.

          Terminado el acto nos retiramos a descansar pero antes me paso por el improvisado tendedero acondicionado en el interior del campanario sobre unas grandes rocas para recoger la ropa que ya estará seca. Al entrar, oigo un fuerte revoloteo en las alturas, son unas palomas asustadas por mi presencia.

          Intento dormir sobre una de las colchonetas que se usan en los gimnasios pero son tan finas que parece que estés echado sobre el mismo suelo. Uno ya es entradito en años y los huesos se rebelan. Como sobraban colchonetas coloco otra encima pero ni por esas, imposible. Cuántas vueltas pude dar esa noche!!

        

Ventosa- Azofra Grañón-Belorado

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