Albergue de Peregrinos de Azofra

11ª Jornada
Lunes, 28 de abril de 2003

Ventosa-Azofra

Parcial 16 Km; Total 265,8 Km; A Santiago: 560 Km

Tierra de viñedos

             Me despierta la claridad del amanecer que penetra por el balcón, después de haber dormido como un tronco. Bajo a la cocina donde me preparo un buen desayuno a base de sobaos, leche y plátano que había comprado el día anterior en la tienda. Deseo "Buen Camino" a los compañeros peregrinos y me dispongo a reaunudar mi Camino.

        Marcho contento por haber descubierto un Albergue tan acogedor. Me prometo volver a servirme de él en un próximo Camino. Hace un poco de fresco pero el cielo ya da muestras de que tendremos un buen día. Paso algo de frío al no haberme puesto el polo nórdico, una brisa del norte que confiere al cielo ese tono de azul profundo solo visible en ciertas zonas del interior peninsular. El helor penetra hasta los huesos, me da pereza ponerme el polo, no quisiera perder el ritmo. Paso entre las agrupaciones de fitas colocadas por anteriores peregrinos y corono el Alto sin mayores problemas. El esfuerzo de la subida me ha entonado el cuerpo.

        El descenso me adentra en el extenso valle del Najerilla donde se encuentra enclavada entre dos cerros la histórica villa de Nájera. Antes me detengo ante los hermosos versos de Eugenio Garibay en honor del peregrino escritos en español y alemán sobre una pared de una antigua fábrica y tomo mi tiempo para leerlos con tranquilidad, no debemos perder la ocasión, vale la pena.

        En Nájera hoy están de Fiesta, es el día de su Patrón San Prudencio, como no tengo prisa decido hacer una corta parada para tomar un pequeño "piscolabis". Cruzo el río Najerilla por el puente restaurado en su día sobre el primitivo románico que construyó San Juan de Ortega y en el casco viejo cerca del albergue encuentro un bar abierto.
Nájera. Detalle del Claustro de los Caballeros

       Con el estómago agradecido afronto el repecho de salida de la población pasando ante la Colegiata de Santa María la Real, antiguo Monasterio cluniacense fundado en el siglo XI por el rey navarro García VI y donde merece la pena detenerse para contemplar: la Iglesia de estilo gótico en cuyo interior podemos admirar una talla de madera policromada de la imagen de Santa María la Real que según la leyenda encontró el monarca García Ramírez en una cueva situada a los pies de la Iglesia, verdadera joya medieval; el Panteón Real donde se encuentran enterrados varios reyes e infantes de Castilla y de Navarra entre ellos el fundador del Monasterio el rey García VI de Navarra; y el Claustro de los Caballeros del siglo XVI donde se encuentran enterrados un buen número de nobles. Mucha historia rodea a este enclave.

       Entre pinares y farallones de sorprendentes formas, la pista desemboca en una extensa llanura donde todo son viñedos, es zona de buena uva casi toda de la variedad tempranillo con la que se elaboran, como los riojanos saben hacer tan bien, "caldos" de calidad reconocida en todo el mundo.

        Llego por fin a Azofra dirigiéndome directamente al Albergue tradicional adosado a la Iglesia Parroquial y que regenta la popular y siempre atenta María Tobía ayudada por su hermano el sacristán. La buena de María se encuentra en estos momentos en su casa por lo que atiende el albergue su hermano que se muestra conmigo bastante dicharachero. De momento nos encontramos en el Albergue cuatro peregrinos. Después de una buena ducha y la habitual colada me acerco al Bar Sevilla a comer.

        De retorno al albergue encuentro a la canadiense Paule y mientras hago la siesta aparecen las francesas Samia y Joelle.

        Salgo al atrio de la iglesia y compruebo que el viento ha dado un giro de 180º viniendo del Sur, un viento que viene muy caliente por lo que la ropa tendida se ha secado enseguida. Aparece la hospitalera María que me reconoce al instante, parece mentira lo fisonomistas que llegan a ser los veteranos hospitaleros y se une a la tertulia con su hermano. Mientras hacemos corrillo aparecen dos matrimonios madrileños bastante desorientados, entran en el albergue y lo husmean, no les gusta y deciden buscar acomodo en el otro albergue regentado por unos alemanes, a María esta actitud de los madrileños no le gusta nada y así lo expresa. El sacristán nos cuenta que se encuentra en construcción un nuevo albergue en el pueblo que dicen va a disponer de bastantes comodidades, vamos, casi como un hotel. Sin embargo, yo siempre que pase por Azofra haré uso del de María si es que el cura no lo cierra como ella misma comenta.

        Cuando llega la hora de la cena me acerco con Joelle, Samia y Paule, buena compañía, al Bar Sevilla a degustar el menú del peregrino.

        De vuelta al albergue me acuesto en la misma cama que aquel fatídico 11 de septiembre de 2001 que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Los recuerdos inundan mi mente. Me pregunto que será de mi compañero de peregrinaje el cartagenero David del que no he vuelto a saber nada y de otros muchos peregrinos de mi primer Camino a los que tampoco he vuelto a ver. Me duermo casi sin sentirlo. Esta vez somos tres en la habitación y ninguno de ellos protesta. Menos mal.

        Buenas noches y hasta mañana.

 

Logroño-Ventosa Azofra-Grañón

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